Cartelera Turia

¡Jácara, el siglo de Oro se desata en Valencia.

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REDACCIÓN: Hay espectáculos que no vienen a ocupar un hueco en la cartelera sino a descolocarla entera, a moverla unos centímetros hacia otro lugar. Y eso es exactamente lo que hace ¡Jácara!, la nueva creación de Alberto Velasco que aterriza en València como una especie de fiesta escénica sin filtros donde el teatro, la danza, la música, la poesía y el cabaret se mezclan hasta volverse indistinguibles, como si todo formara parte de un mismo impulso vital, de un mismo latido que conecta épocas, cuerpos e identidades.

Porque aquí el Siglo de Oro no se contempla con reverencia sino que se abre en canal, se sacude el polvo y se devuelve al presente con toda su carga de ambigüedad, picardía y transgresión. Algo que resulta especialmente revelador en un momento en el que seguimos leyendo aquellos textos desde una mirada demasiado ordenada, demasiado normativa, como si nunca hubieran estado atravesados por el deseo, el disfraz o la tensión constante entre lo que se es y lo que se aparenta.

Y sin embargo estaban llenos de eso. De personajes que cambiaban de identidad, de mujeres vestidas de hombres, de hombres jugando a ser otra cosa, de cuerpos que ya entonces se escapaban de cualquier etiqueta. Solo que durante siglos se decidió no mirar ahí, o mirar de reojo. Y Velasco hace justo lo contrario: coger todo ese material latente, hacerlo visible y convertirlo en el centro de la experiencia escénica, como si de repente todas esas historias ocultas reclamaran su espacio con una mezcla de humor, belleza y una cierta insolencia muy consciente de lo que está haciendo.

Porque ¡Jácara! no es un ejercicio académico ni una revisión museística del pasado sino un acto profundamente vivo que dialoga con el presente desde el cuerpo, desde la escena y desde una libertad que atraviesa todo el espectáculo. Lo masculino y lo femenino dejan de ser categorías cerradas y empiezan a diluirse en algo más amplio, más complejo y más honesto. Algo que tiene que ver con lo diverso, con lo inestable y con esa idea de identidad que nunca termina de fijarse del todo.

Y en ese sentido la propuesta funciona como un puente entre tiempos, entre sensibilidades, entre textos clásicos y miradas contemporáneas, pero también como una celebración de todos aquellos cuerpos que históricamente han quedado fuera del relato oficial. Los llamados cuerpos imposibles, que aquí no solo aparecen sino que ocupan el centro del escenario con una naturalidad desarmante, respirando, bailando, riéndose y reclamando su lugar sin necesidad de justificar nada.

Ahí es donde el espectáculo encuentra una de sus mayores virtudes: en esa capacidad de convertir lo que durante mucho tiempo fue marginal en algo luminoso, compartido, incluso gozoso. Porque hay mucho goce en ¡Jácara!, mucho disfrute de la escena entendida como espacio de libertad, como territorio donde todo puede suceder, donde el tiempo se pliega y donde el espectador es invitado a dejarse llevar más que a entenderlo todo.

Y todo eso sin renunciar al humor, a la ironía, a ese tono juguetón que atraviesa el espectáculo y que conecta directamente con el origen popular de la jácara como género, esa forma de teatro breve, satírico y festivo que se colaba en los entreactos del Siglo de Oro y que el público reclamaba a gritos como quien pide más vida, más espectáculo, más desorden.

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