Cartelera Turia

PANTALLA EN BLANCO: ¿ADIÓS A LA CABINA?

GERARDO LEÓN: Cómo pasa el tiempo, ay. Y con él pasan las cosas, las situaciones, las personas, los proyectos. Quedan los recuerdos. Algunos recuerdos. Era el año 2008 (¿2008?). Año de crisis. Año de males. Un país entero se iba a ir por el retrete. Pero no todo fue malo. En las instalaciones del salón de actos del Muvim de Valencia tendría lugar la primera edición del Festival Internacional de Mediometrajes La Cabina. Unas sesiones que, ahora, en ese recuerdo, tenían algo como de cosa semi-clandestina por aquello de que las películas se proyectaban en una especie de catacumba posmoderna.

Creo que no lo he dicho nunca, pero aquella primera edición de La cabina fue muy especial para mí. Yo venía de un sector audiovisual que entonces, como otras tantas industrias (o semi-industrias) valencianas, había o estaba colapsando. Hay muchas razones de ese colapso. El cierre inminente de la televisión valenciana fue sin duda su puntilla. Pero había otras razones entre las que creo que se encontraba un sector endogámico que estaba estética y estructuralmente agarrotado. En ese contexto, la aparición de este modesto proyecto fue como un soplo de aire fresco, una ventana al exterior.

Por supuesto, las primeras proyecciones de aquel certamen que nacía eran radicalmente amateurs, pero según fue cogiendo carrerilla vimos cómo iban siendo sustituidas por producciones profesionales de gran calidad. En un sector audiovisual, como digo, agarrotado, aquel pequeño festival miraba al cine internacional como no lo hacían ni las producciones locales ni otros festivales de mayor envergadura. Algo que podría parecer obvio, pero que, en aquel momento, a nadie se le había ocurrido. No era posible. No había ni los mimbres ni la visión para ello. Quizá fue el hecho de que este proyecto procediera del exterior de esa burbuja que representaba (y representa) el sector, lo que propició su existencia y ayudó a que fuera creciendo de manera natural.

De aquellas primeras proyecciones en “los bajos” del Muvim, La cabina dio el salto a las instalaciones del IVAM, La Nau y, finalmente, a La Filmoteca. La cabina crecía en público, en la calidad de la programación, se sumaban ciclos y secciones, proyectando en cada edición un entusiasmo que no se percibía en otras citas de la agenda cultural de la ciudad. La cabina había nacido en un terreno casi yermo, y se había ganado su espacio y su pequeña, pero nada discreta, reputación. Su novena edición, de la que tuve la suerte de ser jurado, celebró su inauguración en un Palau de les Arts abarrotado.

A partir de ahí, sin embargo, las cosas empezaron a cambiar. En las siguientes ediciones, La cabina disfrutó de una inercia que sin duda le fue favorable, pero aquella ambición inicial por crecer, parecía que se iba desgastando. Cada nueva edición se recibía con el mismo entusiasmo, pero había algo interno, un sentimiento, un no sé qué en el que uno percibía que el proyecto iba perdiendo fuelle. ¿Era la calidad de las películas? ¿Era acaso extrañas decisiones de programación, caso de la restricción de la proyección de una sola película por sesión? ¿Era que sus presentaciones ocupaban espacios cada vez más pequeños? ¿Una falta de proyección?

Cuando en el año 2023 La cabina anunciaba que suspendía su edición número XVI, no me sorprendió. Se adujo razones presupuestarias y de apoyos institucionales. Se dijo también que el festival no iba a desaparecer, que se quedaba en una especie de limbo a la espera de encontrar las condiciones adecuadas para reanudar su andadura. No sé. ¿Tú sabes cuando una pareja de amigos se separa, pero, por no decirte que rompen, te cuentan que se están dando un tiempo?

Era evidente que el futuro de La cabina era una patata caliente para sus responsables. Ahora se dice que se recupera, pero como una sección dentro de la nueva etapa de La Mostra de Valencia. No estoy seguro de que convertir un festival autónomo en una sección de otro más grande, sea recuperarlo. Es lo que es, una sección dentro de un festival. Veremos cómo evoluciona. Una cosa está clara: Valencia parece que ha perdido una fecha en su calendario de actividades culturales. No me parece una buena noticia.

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