Cartelera Turia

FESTIVAL DE CANNES 2025: UNA EDICIÓN DE CONTRASTES, VISIONES EXTREMAS Y NUEVOS COMIENZOS

PAU VERGARA: El Festival de Cannes 2025 ha desplegado, un año más, su alfombra roja cargada de glamour, pero lo verdaderamente fascinante ha ocurrido dentro de las salas: una edición marcada por el riesgo, el dolor, la exploración de los límites y una firme apuesta por nuevas voces autorales.

Uno de los regresos más esperados era el de Julia Ducournau, ganadora de la Palma de Oro en 2021 con Titane, quien presentó Alpha, una alegoría distópica situada en la Normandía de los años 90. Ducournau propone un universo contaminado por un virus que convierte los cuerpos en mármol, una metáfora poderosa —aunque a ratos excesivamente alegórica— sobre el estigma, la enfermedad y el colapso sanitario. Lo que podría haber sido un film de terror apocalíptico es en realidad un desgarrador drama madre-hija protagonizado por Mélissa Boros y la siempre hipnótica Golshifteh Farahani, con la dirección fotográfica del habitual Ruben Impens y una atmósfera densa, cargada de simbolismo y dolor. Si bien Alpha no alcanza la radicalidad visual o emocional de Titane, conserva el sello inconfundible de Ducournau: cuerpos transformados, emociones desbordadas y una estética que busca incomodar tanto como conmover.

En cambio, quien verdaderamente sacudió el festival fue Lynne Ramsay, que volvió a poner al público contra las cuerdas con Die, My Love, adaptación de la novela Mátate, amor de Ariana Harwicz. En esta ocasión, Ramsay explora la maternidad desde su lado más oscuro y destructivo: la depresión posparto, el aislamiento, la alienación mental. Ambientada en una granja de Montana, la película es una pesadilla sensorial con una Jennifer Lawrence absolutamente desatada, visceral y brutal, que entrega la actuación más arriesgada y devastadora de su carrera. Su compañero de reparto, Robert Pattinson, asume un rol más apagado —un marido incapaz de comprender el abismo emocional de su esposa—, mientras Ramsay despliega una puesta en escena envolvente y opresiva. La película no hace concesiones: es cruda, dolorosa y, según algunos, excesiva en su espiral de locura. Pero sin duda, es una de las experiencias cinematográficas más intensas del certamen.

Otro de los nombres que generaba gran expectación era el de Ari Aster, quien volvió a competir por la Palma con Eddington, una peculiar mezcla de wéstern, comedia negra y reflexión pandémica. Ambientada en un pueblo ficticio de Nuevo México durante la crisis del COVID, la cinta enfrenta a un sheriff (un Joaquin Phoenix tenso y contenido) con un alcalde populista (Pedro Pascal), en medio de un clima de paranoia, violencia y polarización social. Completan el reparto Emma Stone, como la esposa del sheriff, y Austin Butler en un papel de predicador carismático y ambiguo. Aunque recibió una ovación de cinco minutos, Eddington dividió a la crítica: algunos vieron en ella una sátira política aguda, otros la consideraron una colección de ideas dispersas sin el impacto emocional de sus trabajos anteriores. Aster retoma aquí un humor sombrío que recuerda a Beau tiene miedo, pero con un enfoque más coral y desestructurado.

Esta edición también ha sido notable por los debutes femeninos en la dirección. Kristen Stewart sorprendió con The Chronology of Water, adaptación de las memorias de Lidia Yuknavitch. Con una intensa Imogen Poots al frente y una ovación de seis minutos, Stewart demuestra tener una voz propia, arriesgada y poética. Scarlett Johansson, por su parte, presentó Eleanor the Great, una cinta delicada y emotiva protagonizada por June Squibb, que apuesta por la sensibilidad sin caer en el sentimentalismo fácil. Ambas propuestas han confirmado que el talento actoral puede traducirse, cuando hay mirada, en un lenguaje cinematográfico prometedor.

A ellos se sumó el debut del actor Harris Dickinson con Urchin, una película ambiciosa y provocadora que ha sido bien recibida por su audacia formal y narrativa. Dickinson se suma así a una nueva ola de intérpretes que dan el salto a la dirección con propuestas personales, ajenas a las fórmulas comerciales.

El director gallego Oliver Laxe ha conquistado al público del Festival de Cannes con Sirat, su nueva película a concurso en la Sección Oficial. Rodada en el desierto del Sáhara y producida por Movistar Plus+ y El Deseo, la cinta confirma el poderío visual y espiritual del cine de Laxe, que ya es una figura consolidada del cine de autor europeo.

Sirat —palabra que hace referencia al «camino recto» y al puente entre el infierno y el paraíso— sigue la historia de Luis (Sergi López), un padre que viaja a Marruecos en busca de su hija desaparecida tras una rave. El viaje se convierte en una odisea interior y colectiva, donde se cruzan migraciones, espiritualidad y la dureza del paisaje desértico. Laxe, que vivió más de una década en Marruecos, aporta una mirada íntima y compleja sobre la inmigración inversa, dando voz a quienes, desde el norte global, se lanzan al sur en busca de sentido.

Más allá de los nombres y las ovaciones, Cannes 2025 ha sido una edición que abraza el conflicto. El conflicto interno de sus personajes, el conflicto social de sus tramas, y el conflicto estético de sus propuestas formales. La enfermedad, la locura, la muerte, el fin del mundo tal como lo conocemos… pero también la resistencia íntima, la maternidad como campo de batalla, el cuerpo como espacio de transformación o de dolor.

Entre el barroquismo visual de Alpha, el espanto íntimo de Die, My Love y el sarcasmo político de Eddington, se cuela una certeza: el cine de autor no ha perdido su capacidad de incomodar, de interpelar, de hacer preguntas sin ofrecer respuestas fáciles. Cannes sigue siendo, para bien o para mal, el lugar donde el cine se toma en serio a sí mismo.

Y en un mundo que parece correr hacia el colapso, esa seriedad —esa voluntad de mirar lo insoportable de frente— puede ser una forma de salvación. O, al menos, de resistencia.

PD: No he llegado a ver Romería de Carla Simón, pero su recepción y ovación de 11 minutos a pone en la parte alta de la clasificación con muchas opciones de llevarse alguna Palma.

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