Cartelera Turia

2025 BITÁCORA DE VUELO. CONTRADICCIONES

DOLORS LÓPEZ: Camino buscando la sombra de edificios y árboles. La tregua entre dos olas de calor parece haber abierto una compuerta de alivio temporal y todos hemos salido a la calle. Reflexiono sobre la normalidad con la que hablamos del cambio climático y otros desastres aceptando su existencia con una adaptación ciega que me rebela.

Una mirada busca mis ojos. Intento entender qué quiere decirme.

El paisaje urbano donde se desarrolla la escena rebosa ruido y movimiento.

Todo queda congelado y los focos iluminan dos protagonistas, la mujer que me dirige la mirada y un adolescente que la increpa. Se agita con evidentes dificultades para contener su ira que taladra sin máquina.

La que parece ser madre del adolescente mezcla en sus pupilas la vergüenza, la pena y la fragilidad. Le devuelvo la mirada por un instante, intentando trasmitir solidaridad y complicidad. Sonrío en un esbozo mientras el pensamiento levanta mi rostro hacia la rabia del hijo.

Le planto cara deliberadamente mirándole con firmeza y reproche.

La reacción del chico comienza por la sorpresa, sigue por la furia y termina en desconcierto. Se siente descubierto y juzgado. Y así es.

Los peatones que transitan por el jardín que recorre la Gran Vía recobran la vida y siguen caminando ajenos, voluntariamente ajenos, a la pequeña tragedia que se cuela en su paseo.

Vuelvo a mirar a la mujer. Tendrá menos de cincuenta años y un dolor de siglos apaleando su espina dorsal. Esto la supera.

No sé cuál es la historia, pero parece evidente que el maltrato de su propio hijo no formaba parte de las ensoñaciones con las que esperaba el nacimiento mientras le crecía el vientre de embarazada.

Le pregunto si necesita algo y baja la cabeza entonando un no, muchas gracias.

Pienso que lo que me está diciendo es que no está en mi mano la solución del grave problema que la dobla. Le sonrío con ternura y fuerza, reconociéndola e intentando darle valor.

Vuelvo el rostro hacia el muchacho investigando en sus ojos que evitan mirarme, pero que no pueden evitar la firmeza con la que les interpelo. Inicia la marcha. La madre le sigue y yo quedo quieta hasta que desaparecen de mi vista.

Poco a poco dejo entrar mis pensamientos anteriores al drama en el que me he sumergido por sorpresa. Me dirigía a la zona comercial más próxima para ir comprando alguna cosa necesaria para el viaje. Todo ha desaparecido de mi mente al ver el dolor de una mujer atravesada por el espanto de su hijo agrediéndola.

Sí, estoy en la preparación del viaje de este verano. Mientras tanto, el hambre brutal e injusta de un genocidio mata madres e hijos. También mueren de un balazo cuando van a buscar comida. O porque sí.

Me duele la vida, y aquí, en otra realidad nos vamos de viaje. Qué disparate de humanidad.

La violencia contra los que nos nacieron. La violencia ejercida contra aquellas mujeres que amaron a sus parejas de las que no esperaban recibir sometimiento, insultos, humillaciones y agresiones. La violencia contra los pueblos masacrados.

Me duele la vida,

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