Cartelera Turia

(4) YO NO MORIRÉ DE AMOR, de Marta Matute. EL CUIDADO HACIA LOS CUIDADORES.

A family gathers around a table in a cozy living room, looking serious and focused on something in front of them.

LAURA PÉREZ GÓMEZ: Dos planos fijos que abren y cierra la película; son dos planos que dicen mucho, sin personas y con pocos elementos. Son espacios de una casa -un piso antiguo, clase media, en las afueras de la capital-, que forman parte del relato, que sin duda aportan a esta historia familiar donde (casi) todo ocurre en un asfixiante piso de esos con gotelé. Marta Matute, en su opera prima, apuesta por esta puesta en escena en la que el fuera de campo es revelador. El sonido y los diálogos en Yo no moriré de amor adquieren vital importancia: lo que se escucha (las llamadas telefónicas, los lloros en otra habitación), lo que se dice (esos cambios de tono a lo largo de los años, los reproches…) y lo que se calla (esas miradas impasibles del padre, fumando en la cocina). Yo no moriré de amor es, efectivamente, un relato de amor, la historia de una familia que debe ocuparse de los cuidados de una madre enferma. Lo vivimos todo a través de la mirada triste de ojos azules de la hija menor, Claudia, que una maravillosa Júlia Mascort borda en su primer papel en la gran pantalla. Es la mirada de una joven que esta viviendo un momento que no le toca vivir. Puede parecer un personaje egoísta pero solo es humana, y por tanto egoísta. Como lo son a veces el padre, la “perfecta” hermana mayor, y hasta ese yerno ideal. Pero la película muestra una realidad tan dura como real hoy en día, y se plantea quien cuida de los cuidadores. Porque a ellos, a nosotros, también tenemos que cuidarlos, no solo a los enfermos. Porque llega el día que no puedes más. Y la película de Matute habla de eso, reivindica los cuidado como parte de una política de salud pública, para que familias como la de Claudia e Inés no tengan que encargarse de situaciones a las que simplemente no están preparadas a enfrentarse.

Gran triunfadora en el festival de Málaga (se llevó tres premios, entre ellos la Biznaga de Oro), Yo no moriré de amor es brillante en muchos aspectos: cuenta con un solido guion que mantiene un tono firme, entre lo “humano y lo tierno” sin caer en sentimentalismos ni melodramas. En el tono es precisamente donde Matute se jugaba la apuesta y la ha ganado con creces. Por otra parte, los personajes, ya no solo su construcción sino contar con un elenco capaz de sumar a la apuesta de Matute. Y con una magnífica Sonia Almarcha a la cabeza (bordando el complejísimo papel de la madre enferma), y siguiéndole Mascort (la protagonista), Laura Weishmarh (la hija responsable), y Tomás del Estal (ese padre presente en lo físico pero ausente en lo emocional). Todos ellos forman esta familia imperfecta con la que empatizas desde la primera escena. Todos parecen ponerlo muy fácil en una película que para nada lo es.

(4) YO NO MORIRÉ DE AMOR, de Marta Matute. EL CUIDADO HACIA LOS CUIDADORES.

TERREMOTO RODRIGO CUEVAS

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