MIENTRAS la Generalitat Valenciana sigue enredada en sus propias luchas internas, entre cambios de dirección y funcionarios, desencuentros con las compañías y una gestión errática, la Diputación de Valencia ha tomado el relevo sin alardes, pero con eficacia.Con medios propios, ha logrado sostener una programación coherente, digna y viva. El sector teatral valenciano lo comenta sin disimulo: si el teatro se mantiene en pie, es gracias al trabajo callado del área de Teatros de la Diputación. Nada más.
EN UN LADO, los teatros de la Generalitat con descoordinación, enfrentamientos con las compañías, y un clima de malestar que se palpa entre cajas, delante del telón al final de cada representación y hasta en las ruedas de prensa. En el otro, la Diputación de Valencia, que sin aspavientos ha conseguido lo esencial: que haya funciones, público y calidad. La gestión de Rocío Gil y Marylène Albentosa no necesita campañas ni titulares, ni sonrisas: hablan los resultados. Mientras el caos autonómico se enreda en burocracia, la Diputación hace lo que debería ser normal y aquí parece un milagro: gobernar con criterio cultural.
EL ENTE provincial ha desplegado una programación sencillamente sobresaliente, recuperando el brillo del Teatre Principal, que volvió a llenarse con L’Aneguet Lleig de Albena Teatre —con colas de familias incluida y el buen hacer de compañías como Albena de Teatre y la dirección de Carles Alberola. No es inventar la pólvora, es simplemente tener en cuenta los intereses del sector. Están a punto de hacer buena a Inmaculada Gil Lázaro.
¿YA TENÉIS las entradas para la Mostra de València? Nosotros no. De hecho, no nos llegan ni las notas de prensa. Hemos pasado del Titanic y su orquesta a un festival tan moderno que ya ni se comunican. Debe ser que el nuevo recubrimiento acústico del Palau de la Música se ha hecho tan bien que ya no se filtra ni el ruido. Esperemos que aguante el techo. Por si acaso, no iremos.
ESTRENAR o acudir a la Mostra de València para los productores y directores solo tiene un fin: que les paguen, y que les paguen bien. Porque más allá de eso, el festival no ofrece mucho más. La Mostra se ha convertido en ese destino final donde uno aterriza cuando no ha sido seleccionado en ningún otro certamen español. Una especie de “última oportunidad” con alfombra roja y público compuesto por familiares, amigos y alguna fallera entusiasta que acude pensando que va a un karaoke.
LO CIERTO es que la Mostra sobrevive por inercia, sostenida por el eco institucional y la nostalgia de lo que fue. Un festival que no genera entusiasmo en la ciudad, solo indiferencia. Y la indiferencia, en cultura, es la peor crítica posible. Hoy la Mostra es un certamen sin aire, sin público y sin relato. Un escaparate vacío donde el cine pasa, pero no deja huella. Y mientras otros festivales crecen, València sigue a la deriva, mirando desde la orilla cómo el resto del mapa cultural se mueve sin esperarla.
QUIZÁ LA MOSTRA funcione como La Cabina, aquel festival que murió de tanto éxito y que iba tan bien que ahora ha tenido que ser rescatado por su directora, Sara Mansanet, para incorporarlo como sección.La ironía es perfecta: la Mostra absorbe lo único que funcionaba antaño, para ver si así le llega algo de pulso.
FUERA DEL PALAU de la Música, a nadie le interesa este festival. No pinta absolutamente nada ni en el circuito nacional de festivales de cine, y mucho menos en el internacional. Es un evento encerrado en su propia solemnidad, sin eco, sin público y sin relato. Hasta el Festival de Cinema de Merda de Sueca, en pocos años ha conseguido más repercusión y cariño que la Mostra en toda una década. Con menos dinero, menos pompa y mucha más autenticidad, los de Sueca han sabido hacer lo que en València se ha olvidado: conectar con la gente.
ESTE AÑO, para añadir un toque internacional, la Mostra ha invitado a nuestro caro Nanni Moretti, que seguramente no sabe dónde se ha metido. Cuando se entere de que Carlos Mazón es el president de la Generalitat, probablemente se fumará una gran canna en señal de resistencia cultural —y con un poco de suerte gritará aquello de “Parla d’Alemma!” antes de marcharse dando un portazo simbólico. Porque si algo tiene Moretti es coherencia: huye del teatro del absurdo… aunque esta vez, el absurdo sea real.
LA SEMANA que viene vamos a dedicar un especial al primer aniversario de la DANA con artículos de amigos y colaboradores y con la presencia de las presidentas de las asociaciones de víctimas mayoritarias. Estuvimos y estamos con ellas. Y no nos olvidamos. Seguimos.

