Cartelera Turia

IBERSERIES PLATINO INDUSTRIA: HABLANDO DE IA GENERATIVA

PAU VERGARA: En 2025, hablar de autoría es como intentar pintar un retrato mientras el lienzo se mueve. Ahí estamos —cineastas, guionistas, artistas, productores— intentando entender qué significa “crear” en una era en la que las imágenes, los sonidos y las palabras parecen brotar de la nada digital.

Tuve la oportunidad de ser ponente en Iberseries & Platino Industria, en una mesa dedicada precisamente a eso: la autoría en la era de la inteligencia artificial generativa. Y confieso que, aunque llevo años trabajando con IA, sigo sintiendo una mezcla de fascinación y vértigo. La sensación de estar caminando por un suelo que se hunde bajo los pies mientras el paisaje se reinventa a cada paso.

Proyecté un teaser completamente generado con herramientas de IA. Fue un momento extraño, incluso para mí: lo que hace apenas tres años habría sido considerado imposible —un avance cinematográfico creado con prompts, modelos generativos y herramientas de composición digital— hoy es una realidad cotidiana. Pero lo que realmente importa no es la tecnología, sino quién la utiliza y para qué.

Porque, al final, cuando hablamos de inteligencia artificial, hablamos de personas. De sus intuiciones, de sus elecciones estéticas, de su ética. No hay una máquina pulsando el botón de “crear película”: hay un humano decidiendo qué historia quiere contar y cómo quiere hacerlo. Las herramientas son, en el mejor de los casos, extensiones de nuestra mirada.

TAMARA ARRANZ

Lo dije durante la charla y lo repito ahora: las máquinas no crean nada, al menos no todavía. Interpretan, combinan, aprenden patrones de nuestra cultura. Pero la emoción —esa grieta donde se cuela la verdad— sigue siendo humana. En mis proyectos con IA sigo necesitando un guionista, un director, un músico, un montador y actores que doten de alma a lo que, de otro modo, sería una simulación sofisticada.

Lo que sí ha cambiado es la escala. Estamos ante un tsunami creativo. La IA permite que alguien con un portátil y una buena idea pueda generar contenidos que antes requerían grandes presupuestos. Es la mayor democratización del audiovisual desde la llegada del digital. Pero también un desafío: si todos podemos crear, ¿qué significa entonces ser autor?

Durante la mesa, Clara Ruipérez, de Telefónica, explicó algo que me parece clave: los creadores aún sienten miedo de reconocer que usan IA. Como si confesarlo restara valor a su trabajo. Pero negar el uso de las herramientas no nos hace más artistas; solo más hipócritas. Lo importante no es esconder la tecnología, sino dominarla, entender sus límites, saber cuándo potencia nuestra creatividad y cuándo la suplanta.

TAMARA ARRANZ

Y aquí entra la cuestión de los derechos. Detrás de cada algoritmo hay miles de obras —fotogramas, textos, músicas— con nombres y apellidos. ¿Quién paga por eso? ¿Quién protege a los creadores cuyos trabajos alimentan modelos sin su consentimiento? Como dije entonces, en algún momento habrá que establecer un canon, una forma de compensación justa. Porque los grandes modelos de IA se entrenan con material humano, y alguien —siempre alguien— puso el alma en ese material.

El filósofo Roger Campione cerró la charla con una advertencia lúcida: el verdadero riesgo no es que las máquinas superen nuestra inteligencia, sino que nosotros perdamos la capacidad de definir quiénes somos. Si dejamos que los algoritmos nos digan lo que queremos ver, leer o pensar, habremos renunciado a la autonomía creativa que nos hace humanos.

Yo sigo creyendo en el cine como un acto de resistencia poética. La IA puede ayudarnos a construir mundos, pero no puede vivirlos. Puede copiar la forma de una lágrima, pero no entender su peso. Por eso defiendo que el futuro del audiovisual no será de las máquinas, sino de quienes sepan usarlas sin perder su voz.

En definitiva, no se trata de elegir entre lo humano y lo artificial, sino de decidir qué parte de nosotros queremos conservar mientras todo cambia. Y esa decisión, por ahora, sigue siendo nuestra.

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