ANDREA GABRIELLI: Nuestro continente, aunque siempre más americanizado, lleno de mega centros comerciales, hamburgueserías de todo tipo y muchos más iconos de la cultura USA, intenta resistirse y sigue manteniendo sus cimientos milenarios, donde el pequeño comercio de barrio es todavía el corazón que bate en cada zona de nuestras ciudades. Es un fenómeno muy evidente en todo el Mediterráneo, pero también en el resto de Europa, si pensamos que incluso las frías ciudades del norte tienen sus mercados cubiertos además de esos otros más pintorescos y turísticos en sus plazas históricas. Los mercados de barrio representan todo lo mejor que se pueda ofrecer: es decir, producto de temporada, a menudo proveniente de granjas o huertas de kilómetro cero, siempre fresco, sabroso y perfumado, exactamente lo contrario de lo que encontramos en los hipermercados, donde da lo mismo de donde viene el producto y donde todo sabe exactamente igual, en nombre de esa supuesta voluntad de “facilitarnos la vida”. Nos hemos convertidos sin duda en homo piger (hombre perezoso) o, mejor dicho, nos han convertido a conciencia y según una estrategia comercial muy bien estudiada. Pero eso ya lo sabemos y la única manera de contrarrestar esa tendencia es alimentar el pequeño comercio e ir de compras a los mercados de barrio. En València (así como en Alicante o Castellón, solo para algún ejemplo) hay varios lugares, algunos más emblemáticos que otros, donde podemos comprar de todo y, a veces, incluso encontrar algún producto que no esperábamos o que no hubiésemos imaginado ver a la venta. Cuantas veces hemos vuelto de compras exclamando: “¡mira que he encontrado en el mercado!”. El pescado que hace tiempo no veías en los bancos de las pescaderías, o una preciosa hortaliza, como un grande y perfumadísimo hinojo. Es decir, ir a comprar a un mercado no solo cumple una necesidad, sino que es siempre una diversión, algo muy entretenido y placentero.

València es muy conocida por su Mercado Central, un auténtico landmark, pero hay muchos más, algunos menos conocidos que otros, que cumplen su función a la perfección. Me gustaría hablaros de uno de ellos que se encuentra a pocos pasos del Carmen, pero que no todo el mundo conoce: el mercado de Rojas Clemente, ubicado en la homónima plaza de la zona de Extramurs. Me enteré de este lugar, recién llegado a la ciudad, por su bar, famoso por sus increíbles tortillas, y que empecé a frecuentar para almorzar de vez en cuando con mis nuevos amigos. Sin ninguna duda, unos de los bares de almuerzo más interesantes de la ciudad, donde se conjuga este aspecto tan tradicional del bar y del producto de temporada, ya que obviamente compran todo lo necesario en el mercado. La estructura ha sido reformada recientemente y ha tenido que sufrir unos muy largos meses de obras que no han facilitado el negocio, pero ahora ya está listo e incluso
más bonito que antes para volver a relanzarse. Ha sido siempre un mercado muy dinámico, abierto a iniciativas fuera de horario, con eventos por la tarde, por ejemplo, para que el barrio se identificara siempre más con el lugar, como eje central comercial y cultural. Hay muchos comerciantes jóvenes, sobre todo, diría yo, con ideas “frescas” y muchas ganas de innovar, que apoyan cualquier idea que ayude a promocionar el lugar. Como en cualquier mercado, podemos encontrar todo lo que necesitamos: desde la mejor carne en Carnes Selectas Navarro, con Carlos y Tony super atentos y disponibles, al pescado más fresco en Tu Pescadería de Viky o Monpeix de María Jesús, los productos de la huerta de Terra i Xufa, donde María recibe todos los días

producto de temporada y proximidad, los huevos de granja de Ous Xavi I y II, o la venta y degustación de cafés en la parada Ki’bok de Brenda; también encontramos buenísimos productos italianos, como la auténtica porchetta di Ariccia, como si estuviéramos en un mercato rionale de Roma, en la parada La Bottega, donde Andrea (mi verdadero pusher) y Sara os atenderán siempre con la máxima amabilidad y profesionalidad. Además, este año se han subastado unos cuantos puestos que estaban vacíos y pronto veremos más tiendas y, por lo que he podido saber,
con productos eno-gastronómicos de gran calidad,
incluso a nivel internacional. Sube la calidad de la oferta del mercado, sin perder su identidad en el centro de barrio, y, por supuesto, refuerza su posición como referente. Como ese mercado, hay muchos más en València. Basta con salir a pasear, preguntar por el mercado más cercano, sentarse en su bar a almorzar o simplemente tomar un café, dejarse llevar y aprender a disfrutar. ¡Os lo recomiendo!

