LA CULTURA valenciana atraviesa uno de los momentos más desconcertantes de los últimos años. A la dimisión del ya exdirector del Institut Valencià de Cultura, Álvaro López-Jamar, se han sumado semanas de polémicas que han aumentado la distancia entre la Consellería y buena parte del sector cultural. La controversia generada por la exclusión de Xavi Castillo del Circuit Cultural Valencià por parte de la responsable de Teatre, Maria José “Moñas”, las críticas procedentes de las artes escénicas, el descontento de numerosos profesionales y la sensación de ausencia de un proyecto reconocible han dibujado un panorama difícil de disimular.
EN ESTE contexto aterriza el nuevo responsable de Cultura, Ignacio Prieto, que además asume provisionalmente las funciones del IVC. Su primera gran carta de presentación ha sido una entrevista en la que asegura que “el IVC no puede seguir siendo un instrumento de batalla política” y que su intención es “no hacer política”. Resulta una afirmación llamativa porque, precisamente, si algo ha definido la gestión cultural con los gobiernos del PP ha sido la acumulación de decisiones que han provocado una fuerte contestación del sector. Cuando uno llega después del incendio, lo primero no debería ser hablar del humo, sino explicar quién va a reconstruir la casa.
ESCUCHAR QUE el IVC “no puede ser un instrumento de batalla política” produce cierta perplejidad. ¿De verdad descubren ahora el problema? Porque durante los dos años del PP gestionando la cultura en el País Valenciano , la política ha estado presente en prácticamente todos los debates culturales: cambios de dirección, conflictos con el sector, recortes, nombramientos discutidos y una permanente sensación de confrontación. Si eso no era politizar la cultura, cuesta imaginar qué entiende la derecha por hacerlo.
EL NUEVO responsable de Cultura promete recuperar el diálogo. Magnífico. La pregunta es por qué ese diálogo no existía cuando compañías, asociaciones, productores, músicos, gestores culturales y profesionales llevaban meses reclamándolo. No se puede vender como novedad escuchar a un sector al que antes apenas se prestó atención. Dialogar no es conceder una entrevista; es construir confianza. Y esa confianza hoy está seriamente dañada.
OTRA DE Las frases estrella ha sido reclamar “menos ideología”. Curioso. Porque la cultura siempre refleja una mirada sobre el mundo. También cuando se decide qué proyectos reciben apoyo, qué programación desaparece o qué líneas culturales dejan de impulsarse. La ideología nunca desaparece. Simplemente algunos pretenden llamar neutralidad a la suya propia.
HAY UNA Frase atribuida al franquismo que resumía perfectamente esa contradicción: “Usted haga como yo, no se meta en política”. Suena parecido cuando desde una administración se pide una cultura “apolítica” mientras son precisamente los responsables políticos del PP y VOX quienes deciden presupuestos, nombramientos, líneas estratégicas y prioridades, La cultura no necesita menos política; necesita mejores políticas culturales y menos sectarias.
PRIETO HABLA de “reactivar” el IVC. Ojalá. Pero reactivar una institución no consiste únicamente en sacar adelante expedientes pendientes o desbloquear convocatorias. Reactivar significa devolver ilusión al sector, recuperar prestigio institucional, volver a situar la cultura valenciana como referente y diseñar una hoja de ruta reconocible. Hoy nadie sabe cuál es ese proyecto porque, sencillamente, todavía no se ha explicado.
LA IMPRESIÓN que transmite la Consellería desde hace meses es que gobierna con un plan ajeno a las necesidades del sector. No existe un relato cultural, una estrategia de apoyo a la creación, una política clara para el audiovisual, las artes escénicas, la música o los museos. Todo parece responder a decisiones aisladas, sin conexión entre sí. Una administración cultural no puede limitarse a repartir ayudas anuales. Debe construir un ecosistema que permita crecer a los creadores durante décadas.
NADIE ESPERA que un nuevo responsable solucione en dos semanas los problemas acumulados durante dos años en los que el conseller Jose Antonio Rovira se desentendió de la Cultura. Pero sí se espera autocrítica. Reconocer errores nunca debilita una gestión; al contrario, la fortalece. Lo que cuesta aceptar es actuar como si nada hubiera ocurrido y presentar un nuevo comienzo sin asumir antes por qué se ha llegado hasta aquí.
EXISTE UNA enorme diferencia entre administrar una institución y dirigir un proyecto cultural. La primera consiste en tramitar expedientes, firmar resoluciones y cuadrar presupuestos. La segunda exige visión, sensibilidad, conocimiento del sector y capacidad para generar consenso. El IVC necesita mucho más de lo segundo que de lo primero.
LAS ENTREVISTAS generan titulares. Los proyectos generan resultados. Después de meses de crisis institucional, el sector ya no espera grandes frases ni declaraciones bienintencionadas. Espera decisiones. Espera programación. Espera transparencia. Espera recuperar la confianza perdida. Porque las ruedas de prensa duran una mañana; las políticas culturales dejan huella durante generaciones. Y qué dice la Consellera de Cultura ante esta situación? Todavía no se ha pronunciado
SI REALMENTE comienza una etapa distinta, se notará pronto en la relación con el sector, en la calidad de las programaciones, en la autonomía de las instituciones culturales, la ausencia de censura como la de Xavi Castillo y en la existencia de un proyecto reconocible. Porque la cultura valenciana no necesita otro cambio de caras. Necesita, un reset.
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