Cartelera Turia

LA MOSTRA DE VALENCIA, UN FESTIVAL IRRELEVANTE.

PAU VERGARA: Hubo un tiempo en que València respiraba cine por cada esquina. Los cines Martí se llenaban como templos de celuloide, y la Mostra era un festival mediterráneo que nos hacía sentir modernos, europeos, vivos. La ciudad se abría a películas imposibles de ver en otro lugar, a debates, a figuras internacionales como Irene Papas o Melina Mercouri, que paseaban por València como si aquello fuera Cannes con horchata. Era la época en que la cultura se entendía como política transformadora y no como gasto superfluo. Y, sin embargo, la historia de la Mostra es también la historia de cómo una gran idea se puede ir pudriendo a base de mala gestión, improvisación y cinismo. Momentos surrealistas no faltaron: Vicente González Lizondo presentando a Vincent Perez como si fuera su sobrino, o intentando traducir a Catherine Deneuve mientras la actriz francesa ponía cara de “trágame tierra”. Los homenajes a Mastroianni, Moreau y Tavernier (Lizondo le llamó Taverner), convertidos en esperpento porque ninguno de los tres quiso venir. Cristina Marsillach plantando al festival tras ver sus fotos desnuda en prensa. La FIPRESCI retirando su jurado internacional.

En fin: aquello era un vodevil disfrazado de festival de cine. Pero lo más sangrante llegó después. En un alarde de ironía, por no llamarlo cinismo, el ex director de la Mostra, LluísFernández, llegó a declarar que el certamen “no era muy relevante ni cultural ni turísticamente” y que, por tanto, estaba bien cargárselo. Lo decía él, que estuvo al frente una década y que abrazó con entusiasmo las tesis reformistas de Barberá y Lizondo, trayendo a València aire fresco en forma de Pantojas, películas de romanos, Grease y hasta cine gore.La Mostra, para él, fue un trampolín personal: despacho, viajes, visa, flores a la mujer del concejal García Fuster con cargo a la Fundación de Cine… y una pataleta monumental cuando le quitaron el caramelo. No fue el único. José Antonio Escrivá aprovechó la Mostra para tejer contactos y levantar la infraestructura con la que luego facturó series financiadas por la Generalitat. De mantenedor de fallas a empresario audiovisual con cargo público. … bueno, ¿dónde estaba Piquer? ¿Qué hizo Piquer? La pregunta sigue en el aire, como un gag de Berlanga sin remate. Y así hasta Castiel, el supuesto salvador que llegó prometiendo situarnos en el panorama internacional después de treinta años de despropósitos.Al menos, él lo intentó El declive oficial llegó en 2011, cuando Rita Barberá decidió suspender la Mostra por “motivos económicos”. La cultura dejó de ser un derecho y pasó a figurar en la columna de gastos superfluos.

En 2018 volvió, sí, rescatada por el bipartito de Compromís y PSPV, pero ya como un eco de lo que fue. La Mostra quedó reducida a un cineclub con pretensiones: quisieron devolvernos el Titanic… pero sin orquesta, sin camarotes y sin pasajeros. Un barco fantasma que navega solo en las notas de prensa oficiales. Mientras tanto, en Sevilla, Sitges, Málaga o Atlántida se reparten el pastel del cine internacional. El presente es aún más incómodo: la 39ª edición, en 2024, fue suspendida por la DANA. Un desastre natural convertido en excusa y símbolo de la fragilidad del festival.

Y hoy, aunque el gobierno municipal prometa millones de euros y plantillas reforzadas, lo cierto es que la Mostra es irrelevante. Nadie habla de la Mostra de València fuera de la ciudad. Nadie la menciona en las crónicas nacionales o en los circuitos internacionales. Es un festival muerto que necesita un reset. La Mostra nació para proyectar a València como ciudad mediterránea, abierta y plural. Hoy corre el riesgo de ser solo un recuerdo disfrazado de presente, un ejercicio de nostalgia financiado con dinero público. Y mientras algunos se llenan la boca con palabras como “optimización” o “eficiencia”, conviene no olvidar que la cultura no es una hoja de Excel: o transforma, o no existe.

La imagen de los Martí abarrotados nos recuerda lo que fue posible. La realidad actual nos devuelve un fantasma que vaga sin rumbo. Y la pregunta que queda en el aire es clara: ¿seguiremos financiando un muerto viviente o nos

LA MOSTRA DE VALENCIA, UN FESTIVAL IRRELEVANTE.

EL CAUTIVO, de Alejandro Amenábar.

LA MOSTRA DE VALENCIA, UN FESTIVAL IRRELEVANTE.

PANTALLA EN BLANCO: SE HA IDO.

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