Cartelera Turia

PANTALLA EN BLANCO: EL CINE DE FREDERICK WISEMAN.

GERARDO LEÓN: No sin cierto miedo a que esta sección se convierta en una sucesión de obituarios, no podíamos dejar pasar la oportunidad para rendir nuestro pequeño homenaje a dos personalidades del cine que nos han dejado recientemente. El primero de ellos es el actor Robert Duvall, eterno coronel Kilgore en Apocalypse Now, o Tom Hagen, el eficiente y leal abogado de la familia Corleone en El padrino, ambas películas dirigidas por el genial Francis Ford Coppola. Muchas gracias, Robert, estés donde estés.

El otro es el director estadounidense Frederick Wiseman. Autor de casi medio centenar de películas, su obra se ciñe al terreno del documental, género en el que se había encumbrado como toda una referencia. Hay quien suele denunciar el que se aproveche este tipo de circunstancias para celebrar a ciertas figuras como un ejercicio de oportunismo. Y, de alguna manera, es verdad. A veces solo nos acordamos de ciertos autores cuando se nos escapan camino del otro barrio. Pero eso no tiene por qué ser un impedimento para su exaltación. Por dos razones. Primero, porque aprovechar estas situaciones (relativamente) mediáticas para difundir la obra de algunos artistas no tan populares no hace daño a nadie. Si, al final, sumamos a un par de conversos a la causa, bienvenido sea. La segunda razón se sustentaría en esa oportunidad que nos brinda la ocasión para traer a cuento algunos debates de actualidad.

El cine de Wiseman destaca por dos características. La primera es su duración. Las películas de Wiseman son largas. En algunos casos, muy largas. Pero esa duración (El gran menú, su último trabajo, son 240 minutos) no es gratuita, sino que responde a una manera de observar el mundo. Una mirada atenta al detalle, a la idea misma de que analizar ese mundo con cierta profundidad, requiere su tiempo. Solo así seremos capaces de rescatar de lo obvio eso que surge cuando bajamos la guardia. Para Wiseman, la historia se encuentra allí donde, de repente, aparece lo que no estaba previsto.

Como no hay mucho espacio, de todas sus películas quisiera recomendar una en particular. En At Berkeley (235 minutos), Wiseman nos muestra la vida en la universidad de Berkeley, uno de los centros de enseñanza superior públicos más prestigioso de Estados Unidos y una anomalía en un país donde la formación universitaria depende de una red de instituciones privadas cuyo coste supone para los estudiantes una carga económica que, con frecuencia, arrastran toda su vida. Con su película, Wiseman hace un alegato a favor de la enseñanza pública frente a la mercantilización y burocratización del saber. Pero, a pesar de su posición, clara, Wiseman no elude las contradicciones. En una de las secuencias, los estudiantes de la universidad se ponen en huelga. La razón está en algo que aquí conocemos perfectamente: la subida de las tasas. Wiseman rueda estos hechos de forma, más que magistral, inteligente. El tiempo es importante, dijimos, y Wiseman lo filma buscando las fisuras.

Así, si por la mañana los alumnos piden la bajada de tasas, a medio día, animados por el seguimiento que ha tenido la movilización, ya piden su completa gratuidad. ¿No estamos en una universidad pública?, se preguntan los manifestantes. ¿Pues a qué viene tener que pagar por ello? Los profesores, pacientes, esperan. La huelga se va calentando y por la tarde las demandas se han elevado otro grado y ya no bastará con eliminar las tasas, hay que conseguir el fin mismo del capitalismo. Total, puestos a cambiar las cosas, mejor apuntar al origen.

Con esta película, Wiseman da un zarpazo a los movimientos sociales. At Berkeley se estrenó en el año 2013. El movimiento Occupy Wall Street había nacido dos años antes, probablemente mientras preparaba el rodaje. Wiseman solo registra, pero sabe dónde mirar y descubre que, detrás del ruido de la pancarta, solo hay humo, no un programa. Cuando cae la noche, los alumnos ya se han ido a cenar a sus casas y la vida en la universidad sigue tranquila. Nada ha cambiado. La secuencia sigue siendo hoy en día reveladora ante ciertos movimientos políticos. ¿Para cuándo un cine así en España?

 

 

PANTALLA EN BLANCO: EL CINE DE FREDERICK WISEMAN.

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