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10 PERSONAJES O MÁS QUE CONMOVIERON EL MUNDO: SIGOURNEY WEAVER

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JUSTO SERNA: En 1979, un joven director, Ridley Scott, filma una de las películas más sobresalientes de la últimas décadas. Me refiero a Alien. El film es un reciclaje, de restos y de desechos. Es una reconstrucción posmoderna (passez-moi le mot) de historias mil veces contadas. Ahora bien, la reelaboración es magnífica. Leo que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos la incluyó en el Registro Nacional de Cine para su preservación histórica, al considerar Alien un film “cultural, histórico y estéticamente significativo”.

Vamos a situarnos en Alien. Un grupo humano se halla en un recinto cerrado. Son individualidades contradictorias, prestas a violentarse. Están en una nave. Estamos en el futuro, en una misión comercial con instrucciones secretas. Al frente de la expedición se encuentra Ellen Ripley, teniente, una oficial interpretada por Sigourney Weaver.

Un deslumbramiento.

Para mí al menos. Era la primera vez que una mujer capitaneaba una misión en el espacio exterior. Aquella muchacha de 1979 resultaba angulosa, de rostro femenino y a la vez rectilíneo. Vestía con un mono verde, militar, que le daba un pronto resolutivo. De pronto, un ser extraño, desconocido, alienígena propiamente, lograba ingresar en la nave, la Nostromo (con título de novela de Joseph Conrad). Esa cosa era un personaje hostil. Su aspecto repulsivo, como un pulpo dentado, es el de un ser que expulsa un pringue constante, una lubricación. Tiene, sin embargo, algo familiar: recuerda la vagina dentata, la vulva serrata.

Quienes forman parte de la tripulación no aceptan esa convivencia. A ver: no puedes compartir nada con quien te hostiga en una nave. En un espacio limitado, con normas comunes. Lo viven, lo padecen como una amenaza. Todos los tripulantes caerán tras las embestidas del Alien. Persiguen al extraño, pero la habilidad mortífera del ser es imbatible. Únicamente se salvarán la Teniente Ripley y un lindo gatito, su lindo gatito.

¿Qué es esto? En primer lugar, una película de terror, una fantasía que nos muestra las amenazas posibles a las que estamos expuestos. Hay un mal que viene de fuera y que se cierne sobre la especie, un mal que tiene superpoderes (pues su propia sangre es un corrosivo potentísimo).

Imaginemos: su baba aceitosa, que suponemos hedionda y que gotea permanentemente; su cráneo, totalmente apepinado, parece una deformidad humana, algo remotamente semejante a una cabeza. Dispone de varias bocas con sus respectivas filas de dientes. Ya lo tenemos casi todo.

Espacio cerrado, nave tomada, humedades pestilentes, goteras eternas, vapores tóxicos, oscuridad o semiocuridad. Los pasillos interminables de la Nostromo no facilitan la huida: lo previsible es morir víctima del Alien en un encierro de asfixia y temblor.

Una mujer se sobrepone a sus miedos y a sus aprensiones. En ella está el porvenir de la humanidad. La computadora que la asiste se llama Madre. Ripley es activa, emprendedora y tiene instinto maternal. De ella depende el futuro del mundo, de su atención y cuidado. Es muy consciente. Ripley es una oficial de mucho empuje, de gran habilidad.

Para el cine de Hollywood, y para el espectador occidental de entonces, que una mujer se hiciera cargo de la acción, de la respuesta, de la venganza, era toda una apuesta.

Yo quedé anonadado.

En mi libro Todo es falso (2017) puede leerse: “la historia sirve para averiguar parte de lo sucedido, lo que puede documentarse, eso que hicieron los antepasados y de lo que quedan restos. Suponemos que de su ejemplo conocido podremos aprender”.

Alien es un resto audiovisual, el testimonio de una época: finales de los setenta. Recoge la tradición de los monstruos, recupera el legado de la ciencia-ficción, pero sobre todo pregona la angustia de América tras Vietnam. Los comunistas se han infiltrado otra vez.

La historia sirve siempre para conocer mejor el presente, un presente a punto de perecer. Con las enseñanzas del pasado, los contemporáneos establecemos comparaciones. La historia sirve para establecer analogías pudiendo así distinguir lo ocurrido de lo que está por venir.

La historia no profetiza, pero ayuda a inferir qué podría suceder, dadas las circunstancias. La historia es la disciplina del contexto. Hay, sí, muchas diferencias entre aquel porvenir de 1979 y nuestro presente de 2020. ¿Cuántos años han pasado?

Yo, qué quieren, sigo enamorado de la Teniente Ripley.

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