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Diez personajes (o más) que conmovieron al mundo…Evita.Sale el espectro

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Hace años leí en El País este titular: “El cuerpo de Hugo Chávez será embalsamado y expuesto”. Era una declaración del sucesor, Nicolás Maduro. Se dijo que así se mantendría eternamente, como el de Lenin (que está algo ajado, por lo que sé). Perder de vista a un caudillo es, sin duda, algo difícil: son tantas las iconografías que lo reproducen que raramente desaparece. Pero si además se mantiene incorrupto el cuerpo del ser reverenciado, entonces el lugar será un centro de culto. El caso de Lenin, ya digo, es el más citado. Por supuesto podrían mencionarse ejemplos del santoral católico, con un número importante de cuerpos incorruptos. El tema de Chávez me lleva a recordar lo sucedido con Eva Duarte: Evita Perón (1919-1952).

Resulta curioso el ascenso la señora Duarte a primera dama y sobre todo a mito de los pobres, de los descamisados. Por un lado, fue quien auspició la extensión de los derechos sociales en Argentina, el proceso de modernización; pero, por otro, fue la responsable y cúspide de una red de redes clientelares, sometidas, afines a su figura, cada vez más idolatrada, finalmente enferma y fallecida cuando era más admirada y odiada. Su efigie llegó a ser tan real como su cuerpo…, y a su persona se le atribuyeron prácticamente prodigios. En la biografía que Loris Zanatta dedicó a Evita describe este proceso y esta manera de gobernar e influir.  A esa forma de hacer política se la llamó populismo. El populismo fue desde entonces materia prima de la administración argentina, justamente en un país en que la riqueza llegará a ser ostentosa y la pobreza, escandalosa. Perdonen las cacofonías.

De cacofonías y sonidos espectrales trata una novela admirable, la que escribiera Tomás Eloy Martínez con el título de Santa Evita (1995). Uno no lee una novela para documentarse, pero sí que lee ficciones viendo lo que tienen de transfiguración de lo real. Y con Eva Duarte ocurrió una transfiguración… en la realidad. Leí por primera vez Santa Evita en 1995, alertado por un artículo de Mario Vargas Llosa. Poco tiempo después, un amigo de Mar del Plata, Miguel Ángel Taroncher, me regalaba La novela de Perón (1991), entonces no editada en España. En ambas obras es pavorosa la radiografía que Tomás Eloy Martínez hace de su país: un retrato kitsch y desvaído, fantasmal y necrófilo. ¿Literatura fantástica?

Por lo que hemos sabido después, lo sucedido en Argentina supera las expectativas espectrales y las peores pesadillas. Entre ellas, los vaivenes del cadáver de Evita, sus idas y venidas. Pero sobre todo hemos visto unas élites desdeñosas, unas masas enfervorizadas, el extremismo, el terrorismo y el contraterrorismo, las rapiñas financieras, la corrupción y las mordidas… En fin, terrible.  La literatura basada en hechos históricos –como la que escribió Tomás Eloy Martínez con prosa de reportero y descripciones de cronista demente– es el mejor examen de lo real. No sabemos, eso sí, si sus obras pertenecen al género del horror.

Cuando leí Santa Evita me pareció un experimento narrativo interesante. Incluso muy interesante. La novela no sólo es la historia de una primera dama, amada y vilipendiada, mitificada. Es, además, el proceso de producción y escritura de la ficción, con el añadido de sus resultados. Alguien llamado “Tomás Eloy Martínez” emprende una investigación biográfica: la de Evita Perón, a partir de la historia de su cadáver. Todo ello a lo largo de muchos años. Eso da como resultado dos relatos distintos: el del cadáver mismo y el de sus garantesm, particularmente el del militar que se ocupó de su cuidado hasta enloquecer fascinado por un amor necrófilo. Con razón, este libro deslumbró a Gabriel García Márquez. ¿Es una historia de muertos? Es la novela de un cadáver, pero dicha historia no es más fantasmal que la que nos cuenta Tomás Eloy Martínez en La novela de Perón.

En vida, también Juan Domingo Perón fue un espectro. En su exilio en Puerta de Hierro, en Madrid, el general vivía sumido en añoranzas, cultivando su propio mito y el de Eva Duarte, rodeado y asistido por Isabelita, la nueva diosa. Allí, en su retiro español. En 1973, Perón pudo regresar a Argentina. El declive era ya imparable. El declive, ¿de quién o de qué?

Eva y su espectro permanecen.

Enter Ghost.

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