MAITE IBAÑEZ: No vamos a sorprendernos ahora del nulo interés del Partido Popular y Vox por las políticas sociales en València. Incluso han sido carne de tribunales, sentencias y revisiones de Antifraude. Recordamos algunos colectivos vulnerables como las residencias de ancianos o las escuelas gestionadas por una ONG de Haití que formaron parte de sus negocios. Pero en esta vuelta de la derecha al gobierno, tampoco se iban a quedar cortos. Tras iniciar las primeras medidas contra la Inmigración (anulando la participación, permitiendo mensajes racistas en redes o dando luz verde a la construcción de estanques ‘anti-pobres’ debajo de los puentes), ahora le toca el turno al resto de población. Da igual la franja de edad, porque la cuestión es desmantelar una red pública de atención social, poco a poco y a ser posible sin estridencias.
Este es el caso de los Centros Municipales de Juventud, una red de 14 espacios que se amplió con el gobierno progresista –con Malvarrosa y El Cabanyal- y que ahora sin embargo recorta servicios, actividades y horarios. El sentido de sus proyectos se apoyaba en un Plan elaborado desde la construcción colectiva de las personas jóvenes junto a otros participantes (centros escolares, asociaciones, ONGs…) que integran la ciudad, con el objetivo de colaborar en los barrios. Lamentablemente, desde 2023 este Plan ya no tiene hoja de ruta y, entre sus devastaciones, destacan los programas vinculados a la Igualdad y al asesoramiento afectivo-sexual. Sin duda, una muestra más de tener a Vox gobernando en el Ayuntamiento de València. Hace unos días vimos las protestas de sus trabajadores a las puertas del consistorio. Denuncian el impacto negativo para los miles de jóvenes que verán cómo se eliminan programas de ocio inclusivo, plataformas de apoyo para la búsqueda de empleo o recursos formativos.
Si nos vamos al otro extremo de franja de edad, nos encontramos con unas políticas sociales públicas que dan la espalda a las personas mayores. Los cambios en la gestión de los centros municipales han traído, por ejemplo, la barbaridad de priorizar las inscripciones on line en las matrículas de actividades, fortaleciendo así la brecha digital entre una población que lo que requiere es favorecer su autonomía y luchar contra el aislamiento. Decisiones tan rocambolescas como eliminar gimnasia al aire libre o talleres de memoria y nutrición. Y es que estamos en un contexto donde todavía el Consejo Municipal de Personas Mayores no se ha escuchado en el hemiciclo. Una invisibilidad intolerable.
En este suma y sigue de la derecha valenciana, resulta alarmante el deterioro que están sufriendo los Servicios Sociales municipales. A la falta de personal, que ya ha sido denunciada ante la Inspección, se unen unas condiciones precarias que no pueden dar respuesta a las necesidades urgentes de la población, como por ejemplo a la valoración de la Dependencia. Me consta la profesionalidad de los equipos, pero las directrices de este ayuntamiento están abandonando de una forma deplorable la realidad de un servicio esencial. Lo comprobamos también con los cierres de centros. Dentro de poco se cumplirá un año de la suspensión del Casal d’Esplai de Rocafort (con 48 plazas de acogida). Desde entonces, nunca más se supo. En abril ya se anuncia el cierre por parte del ayuntamiento del Centro de Alojamiento para Personas sin Hogar “El Carme”, destinado a población con largas trayectorias en calle, patología mental y/o adicción. Un mapa social de València que la derecha quiere borrar, mientras le entrega su espacio de promoción a los hospitales privados. Véase el despliegue reciente, todo un clásico. Un retrato que sorprende poco y avergüenza mucho.

