Ana Duato y Darío Grandinetti protagonizan la obra de Marguerite Duras bajo la dirección de Magüi Mira
El Teatro Olympia de València acoge este mes de noviembre uno de los estrenos más esperados de la temporada teatral: La música, un texto de Marguerite Duras dirigido por Magüi Mira e interpretado por dos figuras de primer nivel, Ana Duato y Darío Grandinetti. Una obra sobre el amor y el desamor, sobre las palabras que sanan y los silencios que destruyen, sobre lo que se dice y lo que no puede decirse.
Marguerite Duras escribió La música en 1965, en un momento de búsqueda artística en el que comenzó a experimentar con el lenguaje y la emoción como si fueran instrumentos de una misma partitura. En esta pieza, el amor se convierte literalmente en música: algo que vibra, que se disuelve, que persiste aun cuando la melodía parece haber terminado.
Un reencuentro que suena como una despedida
La historia es sencilla, pero devastadora. Él y Ella —dos personas que se amaron y se perdieron— se reencuentran en un hotel tras dos años de separación para firmar los papeles del divorcio. Lo que debería ser un trámite se transforma en una noche intensa, de confesiones, reproches, ternura y deseo. Entre risas nerviosas, discusiones furiosas y largos silencios, ambos reviven su relación como si tocaran por última vez una melodía que se niegan a olvidar.
La obra transcurre en una noche de verano sofocante, cargada de sensualidad y nostalgia. Afuera, la ciudad duerme. Dentro, dos voces buscan la manera de entender lo que les pasó. La incomunicación, esa fuerza invisible que separa incluso a quienes se aman, se convierte en el verdadero protagonista.
Magüi Mira: la dirección como escucha
La directora Magüi Mira, reconocida por su sensibilidad y su dominio del ritmo escénico, aborda el texto con la delicadeza de quien sabe que el silencio también es una forma de música. Su puesta en escena evita los artificios y apuesta por la intimidad, el gesto mínimo y la verdad emocional.
“En Duras, cada pausa es una nota, cada respiración es parte de la melodía”, ha señalado Mira, que encuentra en esta obra una partitura emocional donde los cuerpos hablan tanto como las palabras. La dirección convierte el escenario en un espacio suspendido entre el recuerdo y la despedida, donde los personajes se enfrentan a lo más humano de sí mismos: la imposibilidad de amar sin herir.

Ana Duato y Darío Grandinetti: dos cuerpos en el borde del abismo
En escena, Ana Duato y Darío Grandinetti despliegan una complicidad que va más allá del texto. Duato, que regresa al teatro con uno de los personajes más complejos de su carrera, ofrece una interpretación de una mujer que oscila entre la lucidez y la nostalgia, entre el deseo y la aceptación. Su presencia irradia verdad y vulnerabilidad.
Grandinetti, uno de los grandes actores del cine y el teatro latinoamericano, aporta a su personaje una profundidad contenida, casi melancólica. Su “Él” es un hombre que no comprende cómo el amor puede transformarse en distancia, pero que aún escucha en su interior los ecos de lo que fue.
Juntos, crean una tensión emocional que envuelve al público. Sus miradas, sus pausas, su respiración compartida convierten el escenario en una trinchera de sentimientos. La música no se representa: se vive.
Marguerite Duras, la autora del deseo
Hablar de Marguerite Duras (1914–1996) es hablar de una mujer que convirtió la pasión en literatura. Escritora, guionista y cineasta, Duras exploró como nadie los límites entre el amor y la soledad, entre la palabra y el silencio. Fue autora del guion de Hiroshima, mon amour (Alain Resnais, 1959), por el que fue nominada al Oscar, y alcanzó fama mundial con El amante (1984), obra con la que ganó el Premio Goncourt.
Su teatro —del que La música es una de las piezas más delicadas y reveladoras— nace de esa necesidad de confrontar al espectador con lo invisible: con los sentimientos que sobreviven al final del amor. Su escritura, desnuda y poética, convierte lo cotidiano en trascendente, lo íntimo en universal.
Una obra que resuena más allá del silencio
La música es un duelo y una celebración. Una elegía del amor que fue y del amor que no puede dejar de ser. Su fuerza no está en la trama, sino en el ritmo interior con el que se enfrenta a la pérdida.
Cuando amanece, los protagonistas deben separarse. Pero lo vivido —esas horas de palabras y silencios— se queda flotando, como una melodía imposible de olvidar. Duras lo sabía: la música del amor no se apaga, sólo cambia de tono.
Con la dirección precisa de Magüi Mira y la interpretación soberbia de Ana Duato y Darío Grandinetti, el Teatro Olympia presenta un espectáculo que no sólo se ve: se siente. Un encuentro entre dos gigantes de la interpretación y una autora eterna.

