Cartelera Turia

PANTALLA EN BLANCO. LO DEL CINE VALENCIANO.

GERARDO LEÓN: El pasado 14 de noviembre se celebraba la VIIIª edición de los Premios Lola Gaos que entrega la Academia Valenciana del Audiovisual a los mejores trabajos audiovisuales producidos en nuestra comunidad. Pasados los fastos de la alfombra roja se impone, sin embargo, un año más, esa impresión común de disparo al aire para un sector cuya marca, podríamos decir, a pesar de contar desde hace tiempo con una cierta estabilidad, no parece que logre trascender sus propias fronteras.

¿Qué grado de conocimiento tienen los valencianos sobre nuestro audiovisual? ¿Ha logrado la marca made in Valencia fijarse de una manera identificable, aquí y en el resto del territorio nacional? ¿Qué significa hoy el lema cine valenciano? ¿Qué ejes, más allá de una apelación, en algún caso, a reivindicar la lengua, dirimen las guías sobre las que se reconocería esa seña común? Si bien en los últimos años se había visto una cierta progresión en la calidad de nuestras producciones, logrando una aceptable distribución en salas y en plataformas de streaming, caso de ‘La casa’ de Alex Montoya o ‘L’avia i el foraster’ de Sergi Miralles, ¿han logrado estas películas anclar en el espectador esa idea de producto hecho aquí como parte de un todo en marcha?

Discutiendo recientemente esta misma cuestión con un compañero y a la vista de las candidaturas que este año aspiraban a los premios, cobró fuerza un argumento que ahora me apropio y que, grosso modo, venía a señalar la necesidad de construir una identidad autoral que de empuje a dicha denominación de origen colectiva que marque esos ejes que la definan. Este propósito requeriría poner en juego varios elementos, a mi entender: una producción que sea reconocible en su paso por las pantallas comerciales, un espacio geográfico también identificable como fondo de la narración, un lenguaje visual propio y, por último, unas formas culturales que establezcan también diferencias sin renegar de una aspiración de universalidad. Quizá una cinta como ‘El agua’ de Elena López Riera estuvo a punto de lograr este propósito, si bien su cine contiene una mirada muy influenciada por el cine catalán y francófono, demasiado marcada para implantarse como un sello de estilo propio.

Este año la mayoría de los premios Lola Gaos recaerían sobre ‘Una quinta portuguesa’ de Avelina Prat. Y bien está que fuera así. Habida cuenta del nivel de otros aspirantes, parece lógico que Prat no tuviera competencia. Y esto no lo digo para desmerecer este trabajo, cuidado, sino para señalar a un grueso de producciones que, en muchos casos, tienen pocas posibilidades de superar un mero estreno local. Pero la película de Prat, como su anterior cinta, logrando muy buena aceptación, no concuerda con estos ejes, pues, además de contar con buena parte del equipo y la producción “foránea”, es un cine con clara aspiración cosmopolita (lo cual no es censurable), que aborda cuestiones universales, sí, pero difícilmente ancladas en un territorio particular. Y lo mismo pasaba con ‘La buena estrella’ de la sevillana Celia Rico, cuyo puesto en las candidaturas parecía justificado por la presencia del productor Fernando Bovaira en su trastienda o quizá para dar “brillo” a las candidaturas, si bien acabó apartada de los grandes premios.

Sin embargo, este año había un trabajo que quedó incomprensiblemente fuera de la lista de candidatos. Hablo de ‘La tierra negra’ de Alberto Morais. Aunque nacido en Valladolid, el cine de Morais ha logrado establecer un lenguaje muy imbricado estética y temáticamente con nuestro territorio de una manera reconocible a pesar de sus influencias. En su última película, aunque ha contado con un grupo de actores protagonistas con proyección nacional como Sergi López y Laia Marull, también ha integrado en su reparto caras valencianas ocupando papeles que van más allá del puro ornamento, como Abdelatif Hwidar o Álbaro Báguena. No voy a decir que la propuesta de Morais sea 100% certera. Su apuesta por unas interpretaciones demasiado hieráticas de influencia bressoniana lastran una pieza que acaba por espesarse en algunos tramos. Pero, según avanza la cinta, este hieratismo cobra cuerpo hasta lograr una obra perturbadora. ‘La tierra negra’ nos sitúa en un contexto social y geográfico que es intransferible, logrando darle a la historia un aroma local sin caer en ese “sainetismo” típico de otras propuestas. Que la película de Morais no estuviera en la lista de las nominaciones a los Premios Lola Gaos de este año parece difícil de entender para unos galardones que, con su presencia, habría hecho la carrera más interesante, dotando de una sensación de mayor “cuerpo” o grosor a ese cine “de aquí”.

PANTALLA EN BLANCO. LO DEL CINE VALENCIANO.

LA VOZ DE HIND, LA PELÍCULA QUE

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