PANTALLA EN BLANCO: EL FALSO DEBATE DEL CINE ESPAÑOL
GERARDO LEÓN: Dos hechos han marcado la agenda cinematográfica de las últimas semanas: la candidatura de ‘Sirat’, la obra de Óliver Laxe, a los Oscar, y el estreno de la última película de la saga de ‘Torrente’ dirigida por Santiago Segura. Un protagonismo que ha vuelto a sacar a la luz un debate que lleva arrastrando a la ya de por sí renqueante industria del cine español, al menos, desde la última década. Me refiero a esta extraña dicotomía entre cine comercial vs. cine de autor que, en realidad, nos remite a la idea misma del cine que tiene el espectador medio de nuestro país. Y si apelo a estas dos películas es porque ambas, además de haber conseguido llevar a las salas a un buen número de público, ejemplifican muy bien los dos límites de esta discusión. Claro que, en un país donde todo está polarizado, el cine no podía escapar a esta tendencia. Hay quien apunta al famoso “no a la guerra” que protagonizó la gala de los Goya del año 2003 como el origen de la disputa. Tengo mis dudas al respecto, pero lo que sí parece claro, a poco que peguemos el oído, es que esa confrontación existe. De un lado, estarían aquellos que consideran el cine como un mero entretenimiento. Para estos, todo aquello que huela a cine con firma de autor (estoy, por supuesto, generalizando, pero generalizar en este caso se acerca mucho a la realidad, es decir, a aquello que se sugiere, aunque no siempre se dice) es considerado de manera inmediata como “no-cine”, especialmente si está subvencionado (“que se paguen sus rarezas de su bolsillo”, parecen señalar estas críticas). A este bando cabría apuntarle varias cosas. Primero. Qué entiende cada uno por un cine “entretenido” es algo tan diverso como los gustos de cada cual. Habrá quien se entretenga con el cine de Segura y habrá quien, legítimamente y de acuerdo a sus intereses, busque algo más serio, más profundo, algo que le suponga un reto intelectual más elevado. El cine de Segura puede ser tan desternillante para unos como terriblemente aburrido para aquellos que, también legítimamente, lo ven como una mera sucesión de chistes soeces carentes de ingenio. Y tienen derecho a expresarlo. Dos. Segura recibe ayudas públicas como todo el cine español, ya sea directa o indirectamente. Tres. ¿Por qué el cine debe constreñirse, como forma de expresión, a un mero “pasatiempo”? Si no te gusta o no te interesan ciertas películas, no lo veas. Y ya está. Pero, ¿por qué pretender silenciarlas? ¿Por qué reducir el arte a una sola manera de ver el mundo? Ahora bien, dicho esto, al otro bando se le podría achacar algo parecido. No juguemos al escondite. Tan políticamente beligerante parece la actitud de aquellos que señalan a ese cine de autor como un cine ilegítimo, como aquellos que atacan las películas de Segura por las mismas razones. Señalar a un cine popular por el mero hecho de serlo, tampoco tiene sentido. Cierto es que, en el “duro” ejercicio de la crítica, no parece razonable elevar estos productos a un cierto “podio” (no comprendo la necesidad de Segura de que le otorguen ningún premio). Pero mejor nos haría a todos tomarnos estas cosas con más naturalidad. Además, ¿qué entendemos por un cine de autor? ¿’Sirat’? Reconozco mi desconcierto al comprobar la extraña unanimidad con la que ha recibido la crítica a esta película. Una obra llena de situaciones que rozan lo absurdo o, incluso, lo risible, con un planteamiento dramático y un discurso que arrastra el mismo trazo grueso que el cine de Segura, si bien desde otros ejes estéticos. Qué ha hecho que esta película llegue tan lejos, escapa a mi comprensión y creo que solo se debe a un ejercicio de complacencia con ciertos “paisajes culturales”, una tendencia que se ha impuesto, no solo aquí, sino internacionalmente. Cuando ‘Valor sentimental’, la obra maestra de Joachim Trier, le “arrebató” el Oscar, reconozco que respiré tranquilo. Ya sabemos lo que son los Oscar, pero hombre, ¡no se puede comparar! Vayan a verla… la de Trier, digo. Sin duda ha sido la peli del año.