Cartelera Turia

PANTALLA EN BLANCO: EL FALSO DEBATE DEL CINE ESPAÑOL

GERARDO LEÓN: Dos hechos han marcado la agenda cinematográfica de las últimas semanas: la candidatura de ‘Sirat’, la obra de Óliver Laxe, a los Oscar, y el estreno de la última película de la saga de ‘Torrente’ dirigida por Santiago Segura. Un protagonismo que ha vuelto a sacar a la luz un debate que lleva arrastrando a la ya de por sí renqueante industria del cine español, al menos, desde la última década. Me refiero a esta extraña dicotomía entre cine comercial vs. cine de autor que, en realidad, nos remite a la idea misma del cine que tiene el espectador medio de nuestro país. Y si apelo a estas dos películas es porque ambas, además de haber conseguido llevar a las salas a un buen número de público, ejemplifican muy bien los dos límites de esta discusión. Claro que, en un país donde todo está polarizado, el cine no podía escapar a esta tendencia. Hay quien apunta al famoso “no a la guerra” que protagonizó la gala de los Goya del año 2003 como el origen de la disputa. Tengo mis dudas al respecto, pero lo que sí parece claro, a poco que peguemos el oído, es que esa confrontación existe. De un lado, estarían aquellos que consideran el cine como un mero entretenimiento. Para estos, todo aquello que huela a cine con firma de autor (estoy, por supuesto, generalizando, pero generalizar en este caso se acerca mucho a la realidad, es decir, a aquello que se sugiere, aunque no siempre se dice) es considerado de manera inmediata como “no-cine”, especialmente si está subvencionado (“que se paguen sus rarezas de su bolsillo”, parecen señalar estas críticas). A este bando cabría apuntarle varias cosas. Primero. Qué entiende cada uno por un cine “entretenido” es algo tan diverso como los gustos de cada cual. Habrá quien se entretenga con el cine de Segura y habrá quien, legítimamente y de acuerdo a sus intereses, busque algo más serio, más profundo, algo que le suponga un reto intelectual más elevado. El cine de Segura puede ser tan desternillante para unos como terriblemente aburrido para aquellos que, también legítimamente, lo ven como una mera sucesión de chistes soeces carentes de ingenio. Y tienen derecho a expresarlo. Dos. Segura recibe ayudas públicas como todo el cine español, ya sea directa o indirectamente. Tres. ¿Por qué el cine debe constreñirse, como forma de expresión, a un mero “pasatiempo”? Si no te gusta o no te interesan ciertas películas, no lo veas. Y ya está. Pero, ¿por qué pretender silenciarlas? ¿Por qué reducir el arte a una sola manera de ver el mundo? Ahora bien, dicho esto, al otro bando se le podría achacar algo parecido. No juguemos al escondite. Tan políticamente beligerante parece la actitud de aquellos que señalan a ese cine de autor como un cine ilegítimo, como aquellos que atacan las películas de Segura por las mismas razones. Señalar a un cine popular por el mero hecho de serlo, tampoco tiene sentido. Cierto es que, en el “duro” ejercicio de la crítica, no parece razonable elevar estos productos a un cierto “podio” (no comprendo la necesidad de Segura de que le otorguen ningún premio). Pero mejor nos haría a todos tomarnos estas cosas con más naturalidad. Además, ¿qué entendemos por un cine de autor? ¿’Sirat’? Reconozco mi desconcierto al comprobar la extraña unanimidad con la que ha recibido la crítica a esta película. Una obra llena de situaciones que rozan lo absurdo o, incluso, lo risible, con un planteamiento dramático y un discurso que arrastra el mismo trazo grueso que el cine de Segura, si bien desde otros ejes estéticos. Qué ha hecho que esta película llegue tan lejos, escapa a mi comprensión y creo que solo se debe a un ejercicio de complacencia con ciertos “paisajes culturales”, una tendencia que se ha impuesto, no solo aquí, sino internacionalmente. Cuando ‘Valor sentimental’, la obra maestra de Joachim Trier, le “arrebató” el Oscar, reconozco que respiré tranquilo. Ya sabemos lo que son los Oscar, pero hombre, ¡no se puede comparar! Vayan a verla… la de Trier, digo. Sin duda ha sido la peli del año.

EN LA CIUDAD SIN LIMITES: PLUTO, ARTE EN LA PUNTA

XIMO CÁDIZ: Desde hace 6 años, en medio de la huerta de València, concretamente en La Punta, funciona (¡y de qué manera!) un proyecto de creación artística que se llama Pluto. No resulta sencillo definirlo. Lo que era una nave degradada y abandonada, que funcionó durante décadas como desguace de vehículos, fue transformada por Carlos Sáez, José Martí y Rita Delgado en un laboratorio vivo donde confluyen arte, comunidad y naturaleza. Y así surge uno de los proyectos culturales más singulares de València: un centro de arte no convencional que impulsa un ecosistema creativo y replantea las formas tradicionales de producir, exhibir y vivir el arte. Pluto es una iniciativa de rehabilitación tanto arquitectónica como ecológica. Se limpió y adaptó la nave (que es, en sí misma, objeto de intervenciones artísticas) y se están restaurando los terrenos agrícolas circundantes, integrando el paisaje en el proyecto (una veintena de parcelas han sido regeneradas mediante trabajo compartido y prácticas de agricultura ecológica, convirtiendo la huerta en un lugar de aprendizaje). Pluto no se limita a ocupar un espacio: dialoga con él y convierte el entorno natural en parte activa de los procesos creativos. El proyecto está vivo y se define por su carácter abierto y en constante evolución. Funciona simultáneamente como lugar de trabajo y producción para artistas, plataforma expositiva y punto de encuentro comunitario. Con la Beca Espacial y la residencia Portal se dan facilidades a artistas emergentes con espacios, acompañamiento y recursos para el desarrollo de sus proyectos. Por allí ya han pasado Elena Rocabert, Vicent Orts, Carlos Sáez, José Martí, Miguel Leiro, Apolo Pablo, Joan Martí, Carla Alcalá o Laia Amigó. También ha acogido Tensión, la cita anual dedicada a la creación escénica contemporánea (en colaboración con el Festival Bucles). Y hace unos meses se ha puesto en marcha Micro Pluto, como extensión del proyecto en el barrio del Carmen de València. Además, de manera periódica se organizan jornadas con música, performances, exhibiciones, comida, agitación… la próxima será este sábado 28 de marzo, a partir del mediodía, bajo el título “Huerta Abierta” y contará con un amplio cartel de artistas (con la música de @madmiran, @ae.pepe_, @bibi.arge, @juan.bartoc, @teresagimenez, @rechaurio, @guiille.bv y las luces de @rafaturegano). Para más información se puede visitar el perfil de Instagram de Pluto. Muy recomendable seguirles la pista. Ximo Cádiz Ródenas

LIBRERÍA CONTEXTO QUEER: EL COLOR DEL ARCOIRIS

ANDREA MOLINER: A diferencia de la tormentosa última vez que transité por la avenida Blasco Ibáñez – con su correspondiente explosión de petricor que siempre me fascina- hoy el cielo amanece despejado, raso, altivo entre las torres de arena de la vecina Primado Reig. En una de sus islitas ajardinadas, muy cerca del Clínico, hago un alto en el camino que sabe a café recién hecho. Muy pocas veces he incursionado en ellas, ni siquiera cuando me pasaba gran parte de mi jornada estudiantil a tres pasos de distancia. Sé que algún día nos dejaremos caer por el otro lado, aquel cuyos sonidos evocan interminables conversaciones, risas entre intercambios de apuntes, olor a libro viejo, pasiones despertándose y, por supuesto, el estrés y los nervios propios de quien busca pasar de curso sin ninguna asignatura colgando del hombro. Pero esa será otra historia. Una muy distinta a la que me trae a una esquina muy especial, al otro lado de las pistas deportivas de la Facultad de Ciencias del Deporte y a muy pocos pasos de la desaparecida y añorada Primado. Formando una inesperada punta de lanza cultural con unos aires completamente nuevos a la par que necesarios. En su interior me recibe Carla Sáenz, una curtida librera que, tras un tiempo en el extranjero y unos cuantos años vendiendo libros en Tavernes Blanques, su pueblo, en su primera librería todavía generalista tomó la decisión de abrir una librería especializada en temática LGBTIQA+. “Yo ya tenía la antigua librería en Tavernes pero un día me pregunté qué hago yo vendiendo libros de señores pudiendo ofrecer lo que de verdad me gusta. Si bien es cierto que el catálogo en parte estaba más orientado a la temática, pero llegó un momento en el que tomé la decisión de venirme a la capital, instalarme en una zona acorde y ofrecer un espacio literario para el colectivo que hacía años que la ciudad no tenía”. Hay que remontarse a 2004 cuando El Cobertizo – hasta la llegada de Contexto Queer, la única librería especializada en literatura gay, lesbiana, bisexual y transgénero de Valencia- cerró sus puertas que ahora Carla ha vuelto a abrir de par en par. “Yo como lectora echaba de menos un espacio así y pensé ¿por qué no hacerlo?” agrega con seguridad. La razón de su inclinación hacia este tipo de literatura, además de por pertenecer al mismo colectivo, hay que buscarla en lo más profundo de la profunda Escocia. Lugar en el que residió durante once años. “Yo he estado viviendo en Reino Unido, en las Highlands concretamente, una aldea de 60 habitantes. Es un lugar precioso, no me voy a quejar, pero había poco sentimiento de comunidad. Mi pareja es un hombre cis hetero por lo que yo pasaba desapercibida a pesar de pertenecer al colectivo. En esa situación llega un punto en el que la necesidad de visibilidad, de salir de ese armario en el que inconscientemente me había encerrado y de expresarlo de forma libre es fuerte. Y es entonces cuando empecé a no sólo acercarme a este tipo de literatura, sino también a pergeñar una idea que, más allá de un proyecto de negocio, se convirtiese en una extensión de mí misma, de lo que soy sin esconderme nunca más.” Y de las exuberantes tierras altas escocesas Carla aterrizó en Benimaclet, un barrio especialmente famoso por su carácter universitario, abierto y reivindicativo. “Este es un barrio con mucha vida, con las facultades muy cerca y con un público que me conviene para que el negocio funcione.” agrega en un arranque de sinceridad “Ruzafa también lo estuve barajando, pero me decanté por Benimaclet también por esa posibilidad de que, sobre todo la gente joven, encuentre en la librería un espacio propio”. Tras esta serie de confesiones que oscilan entre el romanticismo letraherido y la practicidad capitalista – es así en todas partes, no os voy a engañar- dirijo la mirada hacia las estanterías que, aunque no haya puesto todavía los carteles, tiene una nutrida selección de ejemplares de ciencia ficción, fantasía, juvenil (la sección más necesaria según Carla ya que es ahí donde se concentra gran parte de la literatura más reciente por parte de autoras/autores del colectivo), romance, thriller, histórica, narrativa general, no ficción (entre la que encontramos tanto clásicos dentro de la temática como nuevas voces que aportan enfoques nuevos), novela gráfica, poesía (poca, por el momento, aunque promete ponerse las pilas al respecto) e infantil. De esta última la propia Carla valora el esfuerzo y el cuidado con el que algunas editoriales han apostado por contar e ilustrar historias más inclusivas narrando otras realidades existentes. El trabajo de selección en este caso es bastante arduo. “No me gusta seleccionar libros que tengan cualquier tipo de representación, Yo previamente investigo, leo reseñas, intento ver quién escribe esa recomendación. Es tiempo, pero es agradable, aunque vayas poco a poco y haciendo equilibrios entre lo que te gustaría tener en la librería y lo que realmente te puedes permitir económicamente. Porque es muy fácil que se te vaya de las manos.” comenta. La respuesta del vecindario, como cabía de esperar, superó las expectativas. “Hubo muy poco tiempo de margen entre el cierre de la librería de Tavernes y la apertura de ésta ya que no me podía permitir estar parada dos meses. Así que fueron días de mucho agobio. Pero todo se compensó cuando el día de la inauguración en lugar de estar los cuatro de siempre aparecieron unas trescientas cincuenta personas. Ahí me di cuenta del impacto. El hecho de que hubiera gente esperando a que abriera una librería específica es síntoma de que hacía mucha falta un espacio en el que se pudiera conjugar lo que es el día a día en una librería con actividades a las que puedan sumarse muchas personas.” reflexiona. Entre los muchos clubes especializados, talleres, presentaciones y demás eventos que acoge, debo destacar las reuniones mensuales que bajo los nombres International Queer Café y Poder Bi+ sirven como

(2) AMARGA NAVIDAD, de Pedro Almodóvar. Dolor entre la realidad y la ficción.

PEDRO URIS. En una de las escenas finales de la película, el cineasta, trasunto más o menos lejano del propio Almodóvar, se refiere a un aspecto de su obra con el término de «autoficción», un moderno concepto que, al menos en el universo literario, parece de moda por el número de obras que he visto reseñadas últimamente y que se refiere a la narración de experiencias propias, familiares en muchas ocasiones, con la ilusión de que esa verdad proporciona más realidad al relato. A mí me parece que ese planteamiento, además de evidenciar la carencia de imaginación de sus autores, es no entender la «realidad» que siempre crea la buena ficción, esa que consiste en decir la verdad contando mentiras. Viene todo esto a cuento porque mencionan ese concepto en la película, aunque en este caso, y en todo el cine de Almodóvar, no estamos hablando en absoluto de autoficción, por mucho que el cineasta, como todos los autores, se inspire en experiencias propias, en el conocimiento del mundo que ha ido acumulando a lo largo de su vida, para construir sus relatos de ficción. Unas veces el espectador creerá rastrear esas vivencias con más convencimiento, la condición de cineastas de los dos protagonistas principales de la película, y en otras ni se enterará porque el hecho, el sentimiento o la emoción en cuestión pertenece al círculo más íntimo del autor. Y esta relación entre la realidad y ficción, entre los personajes y los hechos imaginarios que cuenta y los personajes y los hechos que le han servido de inspiración inicial, es el conflicto principal que plantea esta película, con el dilema entre la libertad del artista para transformar en ficción su propia experiencia y el ocasional daño emocional que pueda causar en las personas concretas que hayan servido de fuente primera de inspiración. Un conflicto que quizás resulte evidente en la autoficción aludida al principio, pero que resulta complicado de trasladar a la simple ficción y que, en cualquier caso, el cineasta no consigue resolver a plena satisfacción, pues las escenas cumbre en las que ambos protagonistas, el cineasta que escribe el guión y la cineasta que lo protagoniza, se enfrentan a los agrios reproches que les hacen las personas de su círculo íntimo que se ven reflejadas en su historia, me resultan forzadas y su alcance dramático se ve mermado por esta presunta impostura. La segunda línea que maneja la película, la del dolor, un tema recurrente en las últimas obras del cineasta, está mucho mejor resuelta, con una serie de situaciones límite de los personajes asociadas a la pérdida de seres queridos que el cineasta recrea en una serie de escenas que respiran verdad y sentimiento, todas ellas apoyadas en buenas y buenos intérpretes —mención especial para la gran Bárbara Lennie—, en ese impecable diseño de la escenografía marca de la casa y en esa utilización de la música, también marca de la casa, que tiene al cine del gran Douglas Sirk como referente último. Almodóvar podrá gustar más o menos, pero nadie puede dudar de su condición de autor, algo de lo que pueden presumir pocos cineastas, y esta película constituye buena muestra de los atractivos y debilidades de su cine, en la medida que cada uno quiera considerar. En este caso, en la medida del que suscribe, claro está. Una estructura que ignora las reglas clásicas de la escritura del guion y que puede parecer libre o errática, a mí me provoca ambas sensaciones. Incluso puede desconectar al espectador por ese alejamiento del relato clásico, algunas compañeras del taller de cine que me acompañaron en la proyección manifestaron haberse movido demasiado en la butaca en ocasiones. Una querencia por bonitas canciones, Chavela Vargas en este caso, que incluye en el metraje con mayor o menor fortuna, sigo sin decidirme si, en este caso, era mayor o menor la fortuna. Unas escenas ejemplares, perfectamente escritas, como la de la habitación del hospital con Carmen Machí, que define eficazmente a los personajes sin forzar ni traicionar la propia situación y personajes; junto a otras, como el paseo inicial de los personajes que interpretan Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez Gijón, en las que la información que pretende transmitir el cineasta se impone a los personajes de tal modo que ni estos ni la situación resultan creíbles. Y por supuesto esa sensación de trabajar sin red que siempre transmite el cineasta, que a algunos les parecerá un signo de irritante autosuficiencia y a otros una expresión de la libertad creativa. Yo prefiero quedarme con lo segundo y, aunque la mayoría de sus películas no hayan terminado de convencerme (algunas sí que lo han hecho), creo que se trata de un cineasta y de una obra que cualquier aficionado debe conocer y valorar. Eso es lo que sucede con esta película.

HUEVO DE COLÓN: LA IZQUIERDA SE REARMA EN VALENCIA

COCOLISO: Hay momentos en política que no se anuncian: irrumpen. Es como si los astros se reeliniearan y todo el puzzle político comenzara a cuadrar. El regreso de Mónica Oltra no es un movimiento más en el calendario, es una alteración del clima. Llevaba meses flotando en el ambiente, en conversaciones a media voz, en ese runrún que se instala cuando algo está a punto de suceder. Y de pronto sucede. Sin red, sin anestesia, sin el guion habitual. Y lo que parecía una pieza fuera del tablero vuelve a convertirse en el eje sobre el que todo gira. Durante estos años, Oltra no ha estado. Y, sin embargo, ha estado. Su ausencia no fue un vacío neutro, sino una grieta. La izquierda valenciana ha vivido en ese hueco, reorganizándose sin encontrar del todo el tono, sosteniendo estructuras sin lograr recuperar pulso. Mientras tanto, la derecha ha avanzado con claridad y la extrema derecha ha logrado fijar parte del lenguaje del debate público. En ese paisaje, el regreso no es solo una decisión personal: es una respuesta a un ciclo político que pedía algo más que gestión. Y si queréis una película sería la llegada de Sean Connery en El último Caballero o la llegada de Gandalf en El señor de los anillos. Lo relevante no es que aspire a la Alcaldía de València. Eso es apenas la superficie visible. Lo importante es la lógica que hay detrás: no recomponer lo que había, sino construir algo distinto. No una suma de siglas, sino una corriente política capaz de ordenar el espacio. Una plataforma en la que quepan Compromís, Esquerra Unida, Podemos, Sumar e incluso Esquerra Republicana de Catalunya, pero que no se limite a ellas. Es una operación política en toda regla. Durante años, la izquierda ha funcionado como un equilibrio delicado entre sensibilidades, cuotas y estructuras. El regreso de Oltra introduce otra lógica: la de un liderazgo reconocible capaz de articular ese espacio. No elimina las diferencias, pero sí ofrece un punto de referencia común. En un momento de fragmentación, esa claridad puede ser más decisiva que cualquier acuerdo orgánico. En la derecha, el movimiento se lee con atención. No porque cambie inmediatamente la aritmética, sino porque altera el contexto. Oltra tiene capacidad de generar agenda, de ocupar espacio mediático y de introducir temas en la conversación pública. Eso obliga a sus adversarios a reaccionar, a ajustar discurso y a prepararse para una contienda menos previsible. Para el PSPV, el regreso abre un escenario complejo. Por un lado, reactiva al electorado progresista y facilita una posible suma. Por otro, complica cualquier aspiración de liderazgo claro en la ciudad. La presencia de Oltra reconfigura las expectativas y obliga a redefinir estrategias. La cuestión deja de ser quién encabeza y pasa a ser si el bloque puede volver a ser competitivo. Oltra regresa con una causa judicial abierta y decide no supeditar su futuro político a su resolución. Es una decisión arriesgada, pero coherente con la idea de que la agenda política no puede quedar subordinada al calendario judicial. Este elemento formará parte del debate público, pero no parece condicionar la determinación de su regreso. El alcance del movimiento no se limita al ámbito municipal. València es una pieza clave por su peso político y simbólico, pero el efecto puede extenderse al conjunto de la Comunitat Valenciana. La reactivación de un liderazgo con proyección mediática tiene capacidad de influir también en el escenario autonómico. Tras un periodo marcado por la contención y la fragmentación, el regreso de Oltra introduce un cambio de tono. Se vuelve a hablar en términos de disputa, de posibilidad, de proyecto. No garantiza resultados, pero sí modifica el estado de ánimo de un espacio político que necesitaba recuperar iniciativa. Queda tiempo por delante y muchas incógnitas por resolver. Habrá tensiones, ajustes y confrontación. Pero lo que ya es evidente es que la política valenciana ha dejado de estar en pausa. El regreso de Mónica Oltra reabre la partida y obliga a todos a jugarla en condiciones distintas. ASÍ que finalmente se verán las caras Pilar Bernabé (PSPV), Mónica Oltra (Compromís), Maria José Catalá (PP) y próximamente se espera el desembarco de Vicente Barrera (Vox) que sirve para todo, además de torero para cerrar el círculo. SEGÚN las últimas encuestas publicadas antes del desembarco de nuestra Gandalf, la derecha sigue teniendo mayoría por 1 concejal. Así que la noche electoral dentro de un año será de auténtico infarto. Si el regreso de Mónica Oltra ha cambiado el tono, el siguiente movimiento pasa por algo aún más delicado: escribir el guion colectivo. Porque una cosa es tener protagonista y otra muy distinta levantar una película entera. Ahí aparece Joan Baldoví, dispuesto a asumir el papel de cabeza de cartel en el ámbito autonómico mientras Oltra lidera la batalla municipal. Una especie de doble dirección narrativa que busca evitar lo que tantas veces ha condenado a la izquierda: demasiados actores compitiendo por el plano corto y ningún plano general que ordene la historia. La idea que sobrevuela es conocida, casi un cliché del cine político español: la fragmentación como giro final. Baldoví lo plantea sin rodeos: o se construye una candidatura amplia o se repite el desenlace de las últimas elecciones. No se trata solo de sumar partidos, sino de recuperar a quienes se quedaron en casa, de activar a un electorado desmovilizado y, sobre todo, de evitar que cada sigla juegue su propia película en paralelo. Porque cuando eso ocurre, el resultado suele ser el mismo: la derecha gana sin necesidad de hacer una gran actuación. La clave está en cómo se articula esa unidad. La propuesta no pasa por diluir identidades, sino por generar un espacio común bajo el paraguas de Compromís que funcione como eje vertebrador. No como límite, sino como punto de encuentro. Una estructura lo suficientemente amplia como para integrar a Esquerra Unida, Podemos y Sumar sin que ninguno sienta que desaparece en el montaje final. En términos cinematográficos, no se trata de eliminar

VALENCIANOS POR MÁLAGA

PAU VERGARA: El Festival de Málaga ha vuelto este año con una presencia valenciana notable, especialmente en la sección oficial de largometrajes de ficción, donde varias producciones vinculadas a la Comunitat compiten mostrando la diversidad y vitalidad de su narrativa. Entre ellas destacan ‘Calle Málaga’, dirigida por Maryam Touzani y producida por Fernando Bovaira; ‘Corredora’, de Laura García Alonso con producción de María Zamora; ‘Pioneras. Sólo querían jugar’, dirigida por Marta Díaz de López Díaz y producida por Kiko Martínez; ‘Yo no moriré de amor’, de Marta Matute, con la actriz alicantina Sonia Almarcha en el reparto; y ‘Después de Kim’, de Ángeles González-Sinde, rodada íntegramente en Valencia y apoyada por el Institut Valencià de Cultura. A ellas se suma, fuera de concurso, ‘Femení, singular’, dirigida por Xavi Puebla y producida por Carles Pastor, que también cuenta con participación de intérpretes valencianos y respaldo del IVC. La presencia valenciana se extiende además al terreno documental, con títulos como ‘Un arbre és un arbre’, coproducido por Suica Films; ‘Forqué. el oficio de hacer cine’, codirigido por el alicantino Rafael Maluenda; ‘Back in Time!’, de Sigfrid Monleón; ‘Mañana seré feliz: Una película conversación con Manuel Vicent’, sobre el escritor castellonense; y ‘Cecilia Bartolomé: tan lluny, tan a prop’, de Giovanna Ribes. A ello se añade ‘Pasionaria. Dolores Ibárruri’, dirigido por la valenciana Amparo Climent, dentro de la sección dedicada a las mujeres en escena. Y en sección de cortos los Hermanos Polo pasaron su último corto Videoclub 2001 en la sección Cortos Panorama.

Crónica de la 29ª edición del Festival de cine de Málaga: El Festival inabarcable

LAURA PÉREZ (Enviada Especial) : Málaga despliega todo su esplendor un año más, en la víspera de cumplir sus 30 años de existencia, algo que ocurrirá -si nadie lo impide- en marzo de 2027. Yo solo les pido que muevan de nuevo las fechas y las hagan coincidir todavía más con las fallas de Valencia. La ciudad andaluza nos recibe con un tiempo inestable (ni frío ni calor) que causará más de un constipado. Y lo hace en el fin de semana del 8M, Día Internacional de la Mujer, algo que a sus programadores no se les pasó por alto. Esta 29ª edición cuenta con una amplia representación femenina en la dirección, tanto en Sección Oficial como en las paralelas, además de contar muchos relatos en sus películas que protagonizan mujeres. Mi llegada a Málaga fue precisamente el día 8, y este año me tuve que ausentar de la manifestación para entrar a las salas de cine. Como el certamen me llevaba dos días de adelanto, así como varios compañeros periodistas, no pude evitar iniciar un sondeo en petit comité para ver cómo había arrancado una edición que cuenta con una gran competencia consigo misma en cuanto a su edición anterior -recordemos que la pasada edición fue la de Sorda,La quinta portuguesa, La furia… películas que han arrasado de algún modo u otro en la temporada de premios-. Por el Cervantes y salas derivadas ya han pasado los equipos de sección oficial como Altas Capacidades, Corredora y la inaugural, Calle Málaga, que hace honor a la ciudad. La primera la dirige Víctor García Leon, que se ríe de nuevo de las miserias del ser humano, en este caso de la clase media progresista con pretensiones de subir de escalón social. Corredora es la ópera prima de Laura García Alonso (tras rodar varios cortometrajes) y es una solvente cinta que habla de la salud mental, la cultura del esfuerzo y la importancia de tener una red de apoyos. Por ahora, se dice se comenta, que podría entrar en el palmarés sin despeinarse. Calle Málaga, dirigida por Maryam Touzani, fue el filme inaugural y es una comedia amable que protagoniza una tremenda Carmen Maura, como siempre. Seguramente funcione muy bien entre el gran público en taquilla, y es una buena forma para arrancar un certamen y abrir boca con una buena dosis de risas amables. El festival avanzó hacia su primera semana y entonces llegó la última película de Ángeles González-Sinde, Después de Kim. La ex ministra y guionista adapta su propia novela en una cinta que mezcla tonos y géneros con un resultado un tanto irregular, que sin embargo logran resolver con elegancia dos grandes intérpretes como son Dario Grandinetti y Adriana Ozores. Ambientada en la luminosa Benidorm, la película cuenta la historia de un ex matrimonio no tan bien avenido que deben superar la muerte de su única hija y, además,localizar a su nieto supuestamente secuestrado por una banda rusa. Sin olvidar la cuota de cine latioamericano que el festival se reserva en casi todas sus secciones, especialmente en la competitiva, una de las más destacables ha sido Hangar Rojo, del chileno Juan Pablo Sallato. Rodada en un contrastadísimo blanco y negro, la pelicula retrata con sobriedad y buen pulso narrativo los días del golpe de estado chileno en septiembre de 1973. Pero Hangar Rojo se aleja del caos social y coloca el foco en el capitán Jorge Silva y su dilema moral frente al conflicto (de hecho, se basa en sus textos reales), algo que interpreta magistralmente el actor Nicolas Zárate. Pero no solo de largometrajes de ficción viven los festivales. Y es que la (excesivamente) amplia programación del festival de Málaga de este año ofrece documentales y cortometrajes para todos los gustos. A priori esto sería una gran noticia, pero entre los corrillos de periodistas se comenta estos días que es tan extensa la parrilla del festival que es imposible abarcarlo todo. Y este hecho que es totalmente cierto solo hace que la promoción de las películas se diluya entre tantísima información y tanta oferta, consiguiendo como suele pasar, que el pez grande se coma al pequeño. Continuando con algunas cintas destacadas, se presentó en un pase especial de documentales Back in Time!, una película que firma nuestro ex compañero de Turia, Sigfrid Monleón. Monleón junto a Manuel Bellido, quienes rescatan la memoria de Torremolinos en los 70, cuando la ciudad acogió a las mejores bandas de rock nacional, en un ambiente de apertura y libertad que nada tiene que envidiar a la movida madrileña. También pudimos ver otros documentales como El Mapa para tocarte, un drama muy personal de la cineasta canaria Mercedes Afonso, y Hasta encontrarte, de Daniel Posada, en este caso un drama colectivo; ambos documentales son muy recomendables. De la sección más latina, alcancé a ver la interesante Bye, bye paraíso, un largometraje costarricense de la directora Kim Elizondo Navarro, que habla con respeto y cierta crudeza de la situación de muchas mujeres de mediana edad en su país, y cómo éstas se enfrentan a la soledad y a la precariedad de todas las maneras que están a su alcance. Todavía queda mucho festival, pocas energías, pero estaremos atentos a ver que dice el jurado y como nos presenta su palmarés.

FESTIVAL DE CINE DE MÁLAGA: 22 PELÍCULAS A COMPETICIÓN Y 21 FUERA DE CONCURSO.

PAU VERGARA: El 29º Festival de Cine en Español de Málaga, arranca hoy, contará con una Sección Oficial formada por 22 largometrajes, de los cuales doce son españoles y diez iberoamericanos, según anunció el director del certamen, Juan Antonio Vigar. A esta programación competitiva se sumará además una Sección Oficial fuera de concurso con 21 películas, en su mayoría producciones españolas. Entre los títulos españoles que competirán por la Biznaga de Oro se encuentran Corredora, de Laura García Alonso; Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa; La buena hija, de Julia de Paz; Lapönia, de David Serrano; Mala bèstia, de Bárbara Farré; Mi querida señorita, de Fernando González Molina; Pioneras. Solo querían jugar, de Marta Díaz de Lope Díaz; Pizza Movies, de Carlo Padial; y Yo no moriré de amor, de Marta Matute. A estos títulos se suman los ya anunciados previamente por el festival: Calle Málaga, de Maryam Touzani, que será la película encargada de inaugurar el certamen; Altas Capacidades, de Víctor García León; y Después de Kim, de Ángeles González-Sinde. La competición incluirá también diez producciones iberoamericanas. Entre ellas figuran Ángeles, de Paula Markovitch (México-Argentina); El guardián, de Nuria Ibáñez (México-España); El jardín que soñamos, de Joaquín del Paso (México); Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato (Chile-Argentina-Italia); Juana, de Daniel Giménez Cacho (México); y La hija Cóndor, de Álvaro Olmos Torrico (Bolivia-Perú-Uruguay). Completan la presencia iberoamericana Mil pedazos, de Sergio Castro-San Martín (Chile-Argentina-España); Neurótica anónima, de Jorge Perugorría Rodríguez (Cuba); y las ya anunciadas El corazón del lobo, de Francisco J. Lombardi (Perú), y La mujer de la fila, de Benjamín Ávila (Argentina-España). Junto a las películas a concurso, el festival contará con una Sección Oficial fuera de competición que incluirá 21 largometrajes. Entre los títulos españoles destacan 9 lunas, de Patricia Ortega; A una isla de ti, de Alexis Morante; Andy, de Román Parrado; Auri, de Violeta Salama; Cada día nace un listo, de Arantxa Echevarría; Casi todo bien, de Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet; Día de caza, de Pedro Aguilera; Dos días, de Gonzaga Manso; Femení Singular, de Xavi Puebla; y Hora y veinte, de Marc Romero. También se proyectarán fuera de concurso las películas españolas Hugo 24, de Luc Knowles; La familia Benetón +2, de Joaquín Mazón; Los justos, de Jorge A. Lara y Fernando Pérez; Mallorca confidencial, de David Ilundain; Solos, de Guillermo Ríos; Todos los colores, de Beatriz de Silva; Un altre home, de David Moragas; Un hijo, de Nacho la Casa; y Viaje al país de los blancos, de Dani Sancho. La sección fuera de concurso se completará con dos producciones iberoamericanas: Bye bye paraíso, de Kim Elizondo Navarro (Costa Rica-Colombia-Uruguay), y La casaca de Dios, de Fernán Mirás (Argentina-Estados Unidos). Con esta programación, el Festival de Málaga vuelve a reforzar su apuesta por mostrar la diversidad del cine español e iberoamericano, combinando nuevos talentos con cineastas consolidados y consolidando su posición como uno de los principales escaparates del cine en lengua española.

RENOVAR EL VINCLE SOCIAL DE LA UNIVERSITAT A TRAVÉS DE LA CULTURA I EL PATRIMONI

Albert Moncusí Ferré Professor de Ciències Socials, candidat a vicerector de Cultura, Esports i Vincle Social en l’equip de Juan Luis Gandía a la Universitat de València. ALBERT MONCUSÍ FERRÉ:Què evoca la paraula “universitat”? Què és el primer que suggereix? És clar que pot dependre de l’experiència de cadascú, però us convide a fer un senzill exercici: poseu la paraula a un navegador per a cercar imatges. Veureu que predominen fotografies d’edificis d’aspecte antic i monumental. La grandesa i el prestigi semblen valors associats a una institució que, durant segles, ha estat considerada, sobretot, un temple de coneixement. En són testimoni els edificis d’universitats centenàries i bona part del seu contingut com són llibres i documents, gravats, mobiliari i complements, teixits, insígnies, minerals, fòssils, plantes i arbres amb les seues classificacions, equipament tecnològic i instrumental científic que ha quedat obsolet. També ho testimonien rituals i tot d’elements que els investeixen de simbolisme siguen cants com el Gaudeamus igitur o el Veni Creator, objectes com les beques, els birrets o les medalles o pràctiques com les processons, les lliçons magistrals o les tres voltes funeràries. I li passa a la cultura i al patrimoni cultural una cosa semblant: se’l reconeix clarament en manifestacions especials de caràcter arquitectònic, artístic o històric que tenen valor especial i únic. De fet, les universitats són llocs privilegiats de creació, preservació i difusió d’aquest tipus de béns. Aquest fil d’història i tradició i aquesta manera d’entendre la universitat, la cultura i el patrimoni, han arribat als nostres dies i condensen i expressen valors importants i lloables. Ara bé, sobre la capa que han conformat s’han anat bastint nous objectes i noves pràctiques i significats que hi dialoguen. Nous aparells i creacions, nous instruments, fons patrimonials que es lleguen, noves maneres d’estudiar, investigar i comunicar es van sumant al fil històric. La universitat en general, com a institució, i les universitats en particular (i específicament les universitats públiques), són avui organitzacions dinàmiques i obertes a la societat de la qual formen part com a referent i també com a servei. Un vincle uneix la universitat amb el teixit social i amb les diverses persones i organitzacions que el composen i li donen vitalitat. És el del coneixement que la universitat s’ha especialitzat en generar, preservar i difondre, però que només té sentit si és compartit amb la resta de la societat en forma d’aprenentatge i, fins i tot, cocreació. En aquest vincle hi tenen un paper central la cultura i el patrimoni i es concreta en activitats d’investigació, formatives i culturals a dins de la universitat i per tot el seu territori de referència i també en l’esforç de conservació patrimonial i de suport a una producció i una difusió cultural actualitzades constantment. I el vincle ens porta al creixement a través de l’experiència, la memòria, la creativitat i la innovació compartides entre persones amb històries, trajectòries i orígens diversos. Al capdavall, ara i abans, la universitat arrela en una espurna de curiositat per saber i aprendre que es transmet generació rere generació i que es difon arreu de la societat per generar noves inquietuds i noves formes d’aprendre. Especialistes i estudiantat de diferents àrees i disciplines científiques treballem, amb el suport inestimable del Personal Tècnic d’Administració Gestió de Serveis, per a generar, transmetre i transferir coneixement. Totes i tots compartim un vincle social que renovem mitjançant l’activitat crítica (a través del debat raonat), científica (per mitjà del mètode), creativa (amb la innovació i la imaginació), acadèmica (a través de la integració de sabers diversos) i compromesa amb l’actualitat (en particular, amb les problemàtiques que la marquen). Així, una mateixa cultura impregna tota l’activitat de la nostra institució condensant valors i pràctiques. La Universitat de València és un bon exemple de com els museus, les col·leccions, les arts en totes les seues manifestacions, les exposicions, les publicacions, les biblioteques i tots els espais de diversos campus poden estar al servei d’alimentar aquesta cultura i renovar el vincle de la institució amb la resta de la societat. És un referent d’activitat cultural i de presència al territori. La universitat té una llarga trajectòria i un camí per davant que pot recórrer amb garanties si els que conformem la comunitat universitària i els qui, desde la resta de la societat, el comparteixen amb nosaltres, som més conscients de tot el que generem i si ho articulem per a un aprenenatge social més ric. La discussió oberta i crítica, la creativitat, el mètode, els sabers i el compromís social són carta de naturalesa de la universitat, conformen la cultura en i de la institució i enforteixen el seu vincle amb la resta de la societat. Aquesta és la base d’una universitat que responga als temps actuals i que pose en valor la seua programació cultural i la seua activitat patrimonialitzadora per a renovar el vincle que suposa un projecte compartit d’aprenentatge col·lectiu.

PANTALLA EN BLANCO: EL CINE DE FREDERICK WISEMAN.

GERARDO LEÓN: No sin cierto miedo a que esta sección se convierta en una sucesión de obituarios, no podíamos dejar pasar la oportunidad para rendir nuestro pequeño homenaje a dos personalidades del cine que nos han dejado recientemente. El primero de ellos es el actor Robert Duvall, eterno coronel Kilgore en Apocalypse Now, o Tom Hagen, el eficiente y leal abogado de la familia Corleone en El padrino, ambas películas dirigidas por el genial Francis Ford Coppola. Muchas gracias, Robert, estés donde estés. El otro es el director estadounidense Frederick Wiseman. Autor de casi medio centenar de películas, su obra se ciñe al terreno del documental, género en el que se había encumbrado como toda una referencia. Hay quien suele denunciar el que se aproveche este tipo de circunstancias para celebrar a ciertas figuras como un ejercicio de oportunismo. Y, de alguna manera, es verdad. A veces solo nos acordamos de ciertos autores cuando se nos escapan camino del otro barrio. Pero eso no tiene por qué ser un impedimento para su exaltación. Por dos razones. Primero, porque aprovechar estas situaciones (relativamente) mediáticas para difundir la obra de algunos artistas no tan populares no hace daño a nadie. Si, al final, sumamos a un par de conversos a la causa, bienvenido sea. La segunda razón se sustentaría en esa oportunidad que nos brinda la ocasión para traer a cuento algunos debates de actualidad. El cine de Wiseman destaca por dos características. La primera es su duración. Las películas de Wiseman son largas. En algunos casos, muy largas. Pero esa duración (El gran menú, su último trabajo, son 240 minutos) no es gratuita, sino que responde a una manera de observar el mundo. Una mirada atenta al detalle, a la idea misma de que analizar ese mundo con cierta profundidad, requiere su tiempo. Solo así seremos capaces de rescatar de lo obvio eso que surge cuando bajamos la guardia. Para Wiseman, la historia se encuentra allí donde, de repente, aparece lo que no estaba previsto. Como no hay mucho espacio, de todas sus películas quisiera recomendar una en particular. En At Berkeley (235 minutos), Wiseman nos muestra la vida en la universidad de Berkeley, uno de los centros de enseñanza superior públicos más prestigioso de Estados Unidos y una anomalía en un país donde la formación universitaria depende de una red de instituciones privadas cuyo coste supone para los estudiantes una carga económica que, con frecuencia, arrastran toda su vida. Con su película, Wiseman hace un alegato a favor de la enseñanza pública frente a la mercantilización y burocratización del saber. Pero, a pesar de su posición, clara, Wiseman no elude las contradicciones. En una de las secuencias, los estudiantes de la universidad se ponen en huelga. La razón está en algo que aquí conocemos perfectamente: la subida de las tasas. Wiseman rueda estos hechos de forma, más que magistral, inteligente. El tiempo es importante, dijimos, y Wiseman lo filma buscando las fisuras. Así, si por la mañana los alumnos piden la bajada de tasas, a medio día, animados por el seguimiento que ha tenido la movilización, ya piden su completa gratuidad. ¿No estamos en una universidad pública?, se preguntan los manifestantes. ¿Pues a qué viene tener que pagar por ello? Los profesores, pacientes, esperan. La huelga se va calentando y por la tarde las demandas se han elevado otro grado y ya no bastará con eliminar las tasas, hay que conseguir el fin mismo del capitalismo. Total, puestos a cambiar las cosas, mejor apuntar al origen. Con esta película, Wiseman da un zarpazo a los movimientos sociales. At Berkeley se estrenó en el año 2013. El movimiento Occupy Wall Street había nacido dos años antes, probablemente mientras preparaba el rodaje. Wiseman solo registra, pero sabe dónde mirar y descubre que, detrás del ruido de la pancarta, solo hay humo, no un programa. Cuando cae la noche, los alumnos ya se han ido a cenar a sus casas y la vida en la universidad sigue tranquila. Nada ha cambiado. La secuencia sigue siendo hoy en día reveladora ante ciertos movimientos políticos. ¿Para cuándo un cine así en España?