Cartelera Turia

CINE EN SEMANA SANTA

PAU VERGARA: Hay dos certezas absolutas en la vida: que Hacienda siempre vuelve… y que en Semana Santa alguien, en algún canal, está poniendo Los 10 mandamientos,  Ben-Hur. O Espartaco. O Rey de reyes. Da igual el año, el gobierno, el algoritmo o la plataforma que jure conocerte mejor que tu madre: cuando llegan estas fechas, el cine se convierte en una especie de procesión audiovisual donde desfilan siempre los mismos títulos, con la solemnidad de un paso y la inevitabilidad de una torrija. Y lo curioso es que lo sabemos. No hay sorpresa posible. Sabemos que Charlton Heston va a fruncir el ceño como si llevara siglos cargando con el peso de la historia, que los romanos hablarán como si cada frase fuera una sentencia eterna y que todo avanzará con una calma que hoy, en tiempos de TikTok, parece casi revolucionaria. Y aun así… nos sentamos a verlo. Porque hay algo profundamente reconfortante en esa repetición, en ese déjà vu que, lejos de aburrirnos del todo, nos sitúa en un lugar reconocible, casi íntimo. Semana Santa tiene algo de suspensión del tiempo. Las ciudades cambian de ritmo, las persianas bajan antes, las calles se llenan de pasos o de silencio, y en casa sucede algo parecido: se abre un paréntesis. En ese paréntesis, ver una película de cuatro horas no es un exceso, es un plan. Y esas películas —las de siempre— encajan perfectamente en ese estado mental. No hay prisa, no hay urgencia, no hay necesidad de “optimizar” el tiempo. Solo hay sofá, algo dulce en la mesa y una historia que ya conoces pero que vuelves a recorrer. Películas como Los diez mandamientos, La túnica sagrada o Jesús de Nazaret no son solo cine, son memoria colectiva. Están asociadas a momentos muy concretos: tardes en casa de los abuelos, discusiones familiares sobre quién tenía el mando, cabezadas en el sofá mientras alguien insistía en que “ahora viene lo mejor”. Son películas que hemos visto a trozos, empezadas a mitad, retomadas al día siguiente, comentadas sin demasiado interés pero con una familiaridad absoluta. Y luego está el espectáculo. Ese cine hecho a lo grande, sin ordenador, sin efectos invisibles, con miles de extras y decorados que parecían ciudades enteras levantadas para la ocasión. Hoy lo vemos con una mezcla de admiración y cierta sonrisa irónica, pero hay algo innegablemente hipnótico en esas imágenes. Todo es excesivo, sí, pero también profundamente físico, tangible. Los caballos corren de verdad, el polvo se levanta de verdad, la épica no está renderizada, está construida. Ese exceso, que podría resultar ridículo, acaba funcionando como un refugio. Porque frente al consumo rápido y fragmentado de hoy, estas películas te obligan a detenerte, a aceptar su ritmo, a entrar en su lógica. No puedes ver Ben-Hur “mientras haces otra cosa”. O te entregas o te vas. Y en Semana Santa, curiosamente, estamos más dispuestos a entregarnos. Pero no todo es cariño. También hay rechazo, y es legítimo. Ese momento en el que haces zapping y te invade una sensación de déjà vu televisivo casi agresivo. Ese pensamiento inevitable: “¿de verdad no hay otra cosa?”. Porque estas películas, vistas desde fuera del ritual, pueden resultar pesadas, previsibles, incluso un poco anacrónicas. Representan una forma de hacer cine que ya no existe y que, en ocasiones, cuesta digerir con la mirada actual. Además, hay algo de imposición en todo esto. Como si alguien hubiera decidido que la Semana Santa viene con un pack cerrado: procesión, torrijas y cine bíblico. Y claro, en una época donde todo es personalizable, donde cada uno construye su propia parrilla, esa repetición puede generar una especie de rechazo instintivo. Y sin embargo, seguimos cayendo. Porque en el fondo no vemos estas películas solo por lo que cuentan, sino por lo que activan. Nos conectan con una idea de continuidad, de tradición, de tiempo compartido. Nos recuerdan que hubo un momento en el que no elegíamos tanto, en el que ver lo que había también tenía su encanto. En un presente donde cada semana hay diez estrenos imprescindibles, donde siempre hay algo que “no puedes perderte”, volver a lo mismo tiene algo casi liberador. No tienes que decidir, no tienes que estar al día, no tienes que demostrar nada. Solo tienes que sentarte y dejar que la historia avance, aunque ya sepas exactamente hacia dónde va. Quizá por eso, aunque protestemos, aunque hagamos bromas, aunque juremos que este año no caeremos… siempre hay un momento en el que te quedas mirando la pantalla y piensas: “Bueno… ya que estoy, la dejo un rato más”. Y ese rato, como siempre, acaba siendo toda la película. Porque en el fondo, Semana Santa sin Ben-Hur, sin ese exceso, sin esa repetición casi absurda, no sería exactamente Semana Santa. Sería otra cosa. Y probablemente, un poco menos nuestra.

Rural Street Photography: mirar despacio en La Vall de Gallinera

Mientras tanto, lejos de los focos, la cultura también encuentra su lugar en los márgenes. La visita del fotógrafo Frank Jackson a La Vall de Gallinera propone justo lo contrario a la lógica contemporánea: detenerse. Durante los días 17, 18 y 19 de abril, este encuentro impulsado por el Institut de Permacultura Iriai plantea la fotografía como una herramienta para entender el territorio, no para consumirlo. La sesión abierta en Benialí y el taller “Rural Street Photography” invitan a observar la vida rural desde dentro, atendiendo a los ritmos, los gestos y las transformaciones silenciosas del paisaje. En un mundo obsesionado con la velocidad, aquí se reivindica la pausa como forma de conocimiento.

Skyline Benidorm Film Festival: el corto como campo de batalla creativo

En paralelo, el audiovisual encuentra su epicentro en Benidorm. El Skyline Benidorm Film Festival celebra su décima edición consolidándose como algo más que un escaparate: es un laboratorio donde se cruzan generaciones, estilos y urgencias narrativas. Del 18 al 25 de abril, la ciudad se convierte en ese lugar donde el cortometraje deja de ser una antesala para convertirse en protagonista. Dentro de este ecosistema, PRISMA – Industry Encounters funciona como el corazón industrial del festival, reuniendo a guionistas, productores, distribuidores y prensa en un espacio donde las ideas buscan convertirse en proyectos reales. Aquí no hay glamour impostado, hay trabajo, dudas, encuentros y, sobre todo, la sensación de que el cine sigue siendo un oficio colectivo.

Pet Shop Boys aterrizan en el Roig Arena el 23 de julio con su primer concierto en España en 2026

El dúo británico repasará los grandes éxitos de sus 40 años de carrera en un concierto que forma parte de la gira “Dreamworld: The Greatest Hits Live”, que solo hará parada en Valencia y Santander. Ya está abierto un registro en la web de Roig Arena para acceder a la preventa exclusiva que tendrá lugar el jueves 26 de marzo a partir de las 10h. La venta general será el viernes 27 de marzo a las 10h en la web www.roigarena.com. Valencia, 25 de marzo de 2026.- El dúo británico Pet Shop Boys actuará el 23 de julio en Roig Arena en un concierto que celebrará cuatro décadas de grandes éxitos y que se enmarca en la gira “Dreamworld: The Greatest Hits Live”. Será su primer concierto en España en 2026 -al que le seguirá su actuación en un festival de Santander- y marcará, además, su regreso a la capital del Turia diecinueve años después. Desde su incorporación a Parlophone Records en 1985, el dúo integrado por Neil Tennant y Chris Lowe ha colocado 22 singles en el Top 10 de Reino Unido, logrando cuatro números uno. Han publicado 15 álbumes de estudio, que se han posicionado en lo alto de las listas en todo el mundo y han sido incluidos en el Libro Guinness de los Récords como el dúo británico más exitoso de la historia. Sus conciertos se caracterizan por su propuesta de “pop musical theatre”, de la que han formado parte directores, diseñadores y artistas como Derek Jarman, David Alden y David Fielding, Zaha Hadid, Sam Taylor-Wood, Es Devlin o Tom Scutt. Durante su carrera, Pet Shop Boys han sido cabezas de cartel de multitud de festivales, entre los que se encuentra Glastonbury, Primavera Sound y Sónar Barcelona. En 2009, los BRIT Awards los premiaron con el premio “Outstanding Contribution to Music”. Además de colaborar como autores y productores con artistas de la talla de Madonna, David Bowie o Noel Gallagher, Pet Shop Boys también son autores del musical del West End de Londres “Closer to Heaven”.

PANTALLA EN BLANCO: EL FALSO DEBATE DEL CINE ESPAÑOL

GERARDO LEÓN: Dos hechos han marcado la agenda cinematográfica de las últimas semanas: la candidatura de ‘Sirat’, la obra de Óliver Laxe, a los Oscar, y el estreno de la última película de la saga de ‘Torrente’ dirigida por Santiago Segura. Un protagonismo que ha vuelto a sacar a la luz un debate que lleva arrastrando a la ya de por sí renqueante industria del cine español, al menos, desde la última década. Me refiero a esta extraña dicotomía entre cine comercial vs. cine de autor que, en realidad, nos remite a la idea misma del cine que tiene el espectador medio de nuestro país. Y si apelo a estas dos películas es porque ambas, además de haber conseguido llevar a las salas a un buen número de público, ejemplifican muy bien los dos límites de esta discusión. Claro que, en un país donde todo está polarizado, el cine no podía escapar a esta tendencia. Hay quien apunta al famoso “no a la guerra” que protagonizó la gala de los Goya del año 2003 como el origen de la disputa. Tengo mis dudas al respecto, pero lo que sí parece claro, a poco que peguemos el oído, es que esa confrontación existe. De un lado, estarían aquellos que consideran el cine como un mero entretenimiento. Para estos, todo aquello que huela a cine con firma de autor (estoy, por supuesto, generalizando, pero generalizar en este caso se acerca mucho a la realidad, es decir, a aquello que se sugiere, aunque no siempre se dice) es considerado de manera inmediata como “no-cine”, especialmente si está subvencionado (“que se paguen sus rarezas de su bolsillo”, parecen señalar estas críticas). A este bando cabría apuntarle varias cosas. Primero. Qué entiende cada uno por un cine “entretenido” es algo tan diverso como los gustos de cada cual. Habrá quien se entretenga con el cine de Segura y habrá quien, legítimamente y de acuerdo a sus intereses, busque algo más serio, más profundo, algo que le suponga un reto intelectual más elevado. El cine de Segura puede ser tan desternillante para unos como terriblemente aburrido para aquellos que, también legítimamente, lo ven como una mera sucesión de chistes soeces carentes de ingenio. Y tienen derecho a expresarlo. Dos. Segura recibe ayudas públicas como todo el cine español, ya sea directa o indirectamente. Tres. ¿Por qué el cine debe constreñirse, como forma de expresión, a un mero “pasatiempo”? Si no te gusta o no te interesan ciertas películas, no lo veas. Y ya está. Pero, ¿por qué pretender silenciarlas? ¿Por qué reducir el arte a una sola manera de ver el mundo? Ahora bien, dicho esto, al otro bando se le podría achacar algo parecido. No juguemos al escondite. Tan políticamente beligerante parece la actitud de aquellos que señalan a ese cine de autor como un cine ilegítimo, como aquellos que atacan las películas de Segura por las mismas razones. Señalar a un cine popular por el mero hecho de serlo, tampoco tiene sentido. Cierto es que, en el “duro” ejercicio de la crítica, no parece razonable elevar estos productos a un cierto “podio” (no comprendo la necesidad de Segura de que le otorguen ningún premio). Pero mejor nos haría a todos tomarnos estas cosas con más naturalidad. Además, ¿qué entendemos por un cine de autor? ¿’Sirat’? Reconozco mi desconcierto al comprobar la extraña unanimidad con la que ha recibido la crítica a esta película. Una obra llena de situaciones que rozan lo absurdo o, incluso, lo risible, con un planteamiento dramático y un discurso que arrastra el mismo trazo grueso que el cine de Segura, si bien desde otros ejes estéticos. Qué ha hecho que esta película llegue tan lejos, escapa a mi comprensión y creo que solo se debe a un ejercicio de complacencia con ciertos “paisajes culturales”, una tendencia que se ha impuesto, no solo aquí, sino internacionalmente. Cuando ‘Valor sentimental’, la obra maestra de Joachim Trier, le “arrebató” el Oscar, reconozco que respiré tranquilo. Ya sabemos lo que son los Oscar, pero hombre, ¡no se puede comparar! Vayan a verla… la de Trier, digo. Sin duda ha sido la peli del año.

EN LA CIUDAD SIN LIMITES: PLUTO, ARTE EN LA PUNTA

XIMO CÁDIZ: Desde hace 6 años, en medio de la huerta de València, concretamente en La Punta, funciona (¡y de qué manera!) un proyecto de creación artística que se llama Pluto. No resulta sencillo definirlo. Lo que era una nave degradada y abandonada, que funcionó durante décadas como desguace de vehículos, fue transformada por Carlos Sáez, José Martí y Rita Delgado en un laboratorio vivo donde confluyen arte, comunidad y naturaleza. Y así surge uno de los proyectos culturales más singulares de València: un centro de arte no convencional que impulsa un ecosistema creativo y replantea las formas tradicionales de producir, exhibir y vivir el arte. Pluto es una iniciativa de rehabilitación tanto arquitectónica como ecológica. Se limpió y adaptó la nave (que es, en sí misma, objeto de intervenciones artísticas) y se están restaurando los terrenos agrícolas circundantes, integrando el paisaje en el proyecto (una veintena de parcelas han sido regeneradas mediante trabajo compartido y prácticas de agricultura ecológica, convirtiendo la huerta en un lugar de aprendizaje). Pluto no se limita a ocupar un espacio: dialoga con él y convierte el entorno natural en parte activa de los procesos creativos. El proyecto está vivo y se define por su carácter abierto y en constante evolución. Funciona simultáneamente como lugar de trabajo y producción para artistas, plataforma expositiva y punto de encuentro comunitario. Con la Beca Espacial y la residencia Portal se dan facilidades a artistas emergentes con espacios, acompañamiento y recursos para el desarrollo de sus proyectos. Por allí ya han pasado Elena Rocabert, Vicent Orts, Carlos Sáez, José Martí, Miguel Leiro, Apolo Pablo, Joan Martí, Carla Alcalá o Laia Amigó. También ha acogido Tensión, la cita anual dedicada a la creación escénica contemporánea (en colaboración con el Festival Bucles). Y hace unos meses se ha puesto en marcha Micro Pluto, como extensión del proyecto en el barrio del Carmen de València. Además, de manera periódica se organizan jornadas con música, performances, exhibiciones, comida, agitación… la próxima será este sábado 28 de marzo, a partir del mediodía, bajo el título “Huerta Abierta” y contará con un amplio cartel de artistas (con la música de @madmiran, @ae.pepe_, @bibi.arge, @juan.bartoc, @teresagimenez, @rechaurio, @guiille.bv y las luces de @rafaturegano). Para más información se puede visitar el perfil de Instagram de Pluto. Muy recomendable seguirles la pista. Ximo Cádiz Ródenas

LIBRERÍA CONTEXTO QUEER: EL COLOR DEL ARCOIRIS

ANDREA MOLINER: A diferencia de la tormentosa última vez que transité por la avenida Blasco Ibáñez – con su correspondiente explosión de petricor que siempre me fascina- hoy el cielo amanece despejado, raso, altivo entre las torres de arena de la vecina Primado Reig. En una de sus islitas ajardinadas, muy cerca del Clínico, hago un alto en el camino que sabe a café recién hecho. Muy pocas veces he incursionado en ellas, ni siquiera cuando me pasaba gran parte de mi jornada estudiantil a tres pasos de distancia. Sé que algún día nos dejaremos caer por el otro lado, aquel cuyos sonidos evocan interminables conversaciones, risas entre intercambios de apuntes, olor a libro viejo, pasiones despertándose y, por supuesto, el estrés y los nervios propios de quien busca pasar de curso sin ninguna asignatura colgando del hombro. Pero esa será otra historia. Una muy distinta a la que me trae a una esquina muy especial, al otro lado de las pistas deportivas de la Facultad de Ciencias del Deporte y a muy pocos pasos de la desaparecida y añorada Primado. Formando una inesperada punta de lanza cultural con unos aires completamente nuevos a la par que necesarios. En su interior me recibe Carla Sáenz, una curtida librera que, tras un tiempo en el extranjero y unos cuantos años vendiendo libros en Tavernes Blanques, su pueblo, en su primera librería todavía generalista tomó la decisión de abrir una librería especializada en temática LGBTIQA+. “Yo ya tenía la antigua librería en Tavernes pero un día me pregunté qué hago yo vendiendo libros de señores pudiendo ofrecer lo que de verdad me gusta. Si bien es cierto que el catálogo en parte estaba más orientado a la temática, pero llegó un momento en el que tomé la decisión de venirme a la capital, instalarme en una zona acorde y ofrecer un espacio literario para el colectivo que hacía años que la ciudad no tenía”. Hay que remontarse a 2004 cuando El Cobertizo – hasta la llegada de Contexto Queer, la única librería especializada en literatura gay, lesbiana, bisexual y transgénero de Valencia- cerró sus puertas que ahora Carla ha vuelto a abrir de par en par. “Yo como lectora echaba de menos un espacio así y pensé ¿por qué no hacerlo?” agrega con seguridad. La razón de su inclinación hacia este tipo de literatura, además de por pertenecer al mismo colectivo, hay que buscarla en lo más profundo de la profunda Escocia. Lugar en el que residió durante once años. “Yo he estado viviendo en Reino Unido, en las Highlands concretamente, una aldea de 60 habitantes. Es un lugar precioso, no me voy a quejar, pero había poco sentimiento de comunidad. Mi pareja es un hombre cis hetero por lo que yo pasaba desapercibida a pesar de pertenecer al colectivo. En esa situación llega un punto en el que la necesidad de visibilidad, de salir de ese armario en el que inconscientemente me había encerrado y de expresarlo de forma libre es fuerte. Y es entonces cuando empecé a no sólo acercarme a este tipo de literatura, sino también a pergeñar una idea que, más allá de un proyecto de negocio, se convirtiese en una extensión de mí misma, de lo que soy sin esconderme nunca más.” Y de las exuberantes tierras altas escocesas Carla aterrizó en Benimaclet, un barrio especialmente famoso por su carácter universitario, abierto y reivindicativo. “Este es un barrio con mucha vida, con las facultades muy cerca y con un público que me conviene para que el negocio funcione.” agrega en un arranque de sinceridad “Ruzafa también lo estuve barajando, pero me decanté por Benimaclet también por esa posibilidad de que, sobre todo la gente joven, encuentre en la librería un espacio propio”. Tras esta serie de confesiones que oscilan entre el romanticismo letraherido y la practicidad capitalista – es así en todas partes, no os voy a engañar- dirijo la mirada hacia las estanterías que, aunque no haya puesto todavía los carteles, tiene una nutrida selección de ejemplares de ciencia ficción, fantasía, juvenil (la sección más necesaria según Carla ya que es ahí donde se concentra gran parte de la literatura más reciente por parte de autoras/autores del colectivo), romance, thriller, histórica, narrativa general, no ficción (entre la que encontramos tanto clásicos dentro de la temática como nuevas voces que aportan enfoques nuevos), novela gráfica, poesía (poca, por el momento, aunque promete ponerse las pilas al respecto) e infantil. De esta última la propia Carla valora el esfuerzo y el cuidado con el que algunas editoriales han apostado por contar e ilustrar historias más inclusivas narrando otras realidades existentes. El trabajo de selección en este caso es bastante arduo. “No me gusta seleccionar libros que tengan cualquier tipo de representación, Yo previamente investigo, leo reseñas, intento ver quién escribe esa recomendación. Es tiempo, pero es agradable, aunque vayas poco a poco y haciendo equilibrios entre lo que te gustaría tener en la librería y lo que realmente te puedes permitir económicamente. Porque es muy fácil que se te vaya de las manos.” comenta. La respuesta del vecindario, como cabía de esperar, superó las expectativas. “Hubo muy poco tiempo de margen entre el cierre de la librería de Tavernes y la apertura de ésta ya que no me podía permitir estar parada dos meses. Así que fueron días de mucho agobio. Pero todo se compensó cuando el día de la inauguración en lugar de estar los cuatro de siempre aparecieron unas trescientas cincuenta personas. Ahí me di cuenta del impacto. El hecho de que hubiera gente esperando a que abriera una librería específica es síntoma de que hacía mucha falta un espacio en el que se pudiera conjugar lo que es el día a día en una librería con actividades a las que puedan sumarse muchas personas.” reflexiona. Entre los muchos clubes especializados, talleres, presentaciones y demás eventos que acoge, debo destacar las reuniones mensuales que bajo los nombres International Queer Café y Poder Bi+ sirven como

(2) AMARGA NAVIDAD, de Pedro Almodóvar. Dolor entre la realidad y la ficción.

PEDRO URIS. En una de las escenas finales de la película, el cineasta, trasunto más o menos lejano del propio Almodóvar, se refiere a un aspecto de su obra con el término de «autoficción», un moderno concepto que, al menos en el universo literario, parece de moda por el número de obras que he visto reseñadas últimamente y que se refiere a la narración de experiencias propias, familiares en muchas ocasiones, con la ilusión de que esa verdad proporciona más realidad al relato. A mí me parece que ese planteamiento, además de evidenciar la carencia de imaginación de sus autores, es no entender la «realidad» que siempre crea la buena ficción, esa que consiste en decir la verdad contando mentiras. Viene todo esto a cuento porque mencionan ese concepto en la película, aunque en este caso, y en todo el cine de Almodóvar, no estamos hablando en absoluto de autoficción, por mucho que el cineasta, como todos los autores, se inspire en experiencias propias, en el conocimiento del mundo que ha ido acumulando a lo largo de su vida, para construir sus relatos de ficción. Unas veces el espectador creerá rastrear esas vivencias con más convencimiento, la condición de cineastas de los dos protagonistas principales de la película, y en otras ni se enterará porque el hecho, el sentimiento o la emoción en cuestión pertenece al círculo más íntimo del autor. Y esta relación entre la realidad y ficción, entre los personajes y los hechos imaginarios que cuenta y los personajes y los hechos que le han servido de inspiración inicial, es el conflicto principal que plantea esta película, con el dilema entre la libertad del artista para transformar en ficción su propia experiencia y el ocasional daño emocional que pueda causar en las personas concretas que hayan servido de fuente primera de inspiración. Un conflicto que quizás resulte evidente en la autoficción aludida al principio, pero que resulta complicado de trasladar a la simple ficción y que, en cualquier caso, el cineasta no consigue resolver a plena satisfacción, pues las escenas cumbre en las que ambos protagonistas, el cineasta que escribe el guión y la cineasta que lo protagoniza, se enfrentan a los agrios reproches que les hacen las personas de su círculo íntimo que se ven reflejadas en su historia, me resultan forzadas y su alcance dramático se ve mermado por esta presunta impostura. La segunda línea que maneja la película, la del dolor, un tema recurrente en las últimas obras del cineasta, está mucho mejor resuelta, con una serie de situaciones límite de los personajes asociadas a la pérdida de seres queridos que el cineasta recrea en una serie de escenas que respiran verdad y sentimiento, todas ellas apoyadas en buenas y buenos intérpretes —mención especial para la gran Bárbara Lennie—, en ese impecable diseño de la escenografía marca de la casa y en esa utilización de la música, también marca de la casa, que tiene al cine del gran Douglas Sirk como referente último. Almodóvar podrá gustar más o menos, pero nadie puede dudar de su condición de autor, algo de lo que pueden presumir pocos cineastas, y esta película constituye buena muestra de los atractivos y debilidades de su cine, en la medida que cada uno quiera considerar. En este caso, en la medida del que suscribe, claro está. Una estructura que ignora las reglas clásicas de la escritura del guion y que puede parecer libre o errática, a mí me provoca ambas sensaciones. Incluso puede desconectar al espectador por ese alejamiento del relato clásico, algunas compañeras del taller de cine que me acompañaron en la proyección manifestaron haberse movido demasiado en la butaca en ocasiones. Una querencia por bonitas canciones, Chavela Vargas en este caso, que incluye en el metraje con mayor o menor fortuna, sigo sin decidirme si, en este caso, era mayor o menor la fortuna. Unas escenas ejemplares, perfectamente escritas, como la de la habitación del hospital con Carmen Machí, que define eficazmente a los personajes sin forzar ni traicionar la propia situación y personajes; junto a otras, como el paseo inicial de los personajes que interpretan Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez Gijón, en las que la información que pretende transmitir el cineasta se impone a los personajes de tal modo que ni estos ni la situación resultan creíbles. Y por supuesto esa sensación de trabajar sin red que siempre transmite el cineasta, que a algunos les parecerá un signo de irritante autosuficiencia y a otros una expresión de la libertad creativa. Yo prefiero quedarme con lo segundo y, aunque la mayoría de sus películas no hayan terminado de convencerme (algunas sí que lo han hecho), creo que se trata de un cineasta y de una obra que cualquier aficionado debe conocer y valorar. Eso es lo que sucede con esta película.

HUEVO DE COLÓN: LA IZQUIERDA SE REARMA EN VALENCIA

COCOLISO: Hay momentos en política que no se anuncian: irrumpen. Es como si los astros se reeliniearan y todo el puzzle político comenzara a cuadrar. El regreso de Mónica Oltra no es un movimiento más en el calendario, es una alteración del clima. Llevaba meses flotando en el ambiente, en conversaciones a media voz, en ese runrún que se instala cuando algo está a punto de suceder. Y de pronto sucede. Sin red, sin anestesia, sin el guion habitual. Y lo que parecía una pieza fuera del tablero vuelve a convertirse en el eje sobre el que todo gira. Durante estos años, Oltra no ha estado. Y, sin embargo, ha estado. Su ausencia no fue un vacío neutro, sino una grieta. La izquierda valenciana ha vivido en ese hueco, reorganizándose sin encontrar del todo el tono, sosteniendo estructuras sin lograr recuperar pulso. Mientras tanto, la derecha ha avanzado con claridad y la extrema derecha ha logrado fijar parte del lenguaje del debate público. En ese paisaje, el regreso no es solo una decisión personal: es una respuesta a un ciclo político que pedía algo más que gestión. Y si queréis una película sería la llegada de Sean Connery en El último Caballero o la llegada de Gandalf en El señor de los anillos. Lo relevante no es que aspire a la Alcaldía de València. Eso es apenas la superficie visible. Lo importante es la lógica que hay detrás: no recomponer lo que había, sino construir algo distinto. No una suma de siglas, sino una corriente política capaz de ordenar el espacio. Una plataforma en la que quepan Compromís, Esquerra Unida, Podemos, Sumar e incluso Esquerra Republicana de Catalunya, pero que no se limite a ellas. Es una operación política en toda regla. Durante años, la izquierda ha funcionado como un equilibrio delicado entre sensibilidades, cuotas y estructuras. El regreso de Oltra introduce otra lógica: la de un liderazgo reconocible capaz de articular ese espacio. No elimina las diferencias, pero sí ofrece un punto de referencia común. En un momento de fragmentación, esa claridad puede ser más decisiva que cualquier acuerdo orgánico. En la derecha, el movimiento se lee con atención. No porque cambie inmediatamente la aritmética, sino porque altera el contexto. Oltra tiene capacidad de generar agenda, de ocupar espacio mediático y de introducir temas en la conversación pública. Eso obliga a sus adversarios a reaccionar, a ajustar discurso y a prepararse para una contienda menos previsible. Para el PSPV, el regreso abre un escenario complejo. Por un lado, reactiva al electorado progresista y facilita una posible suma. Por otro, complica cualquier aspiración de liderazgo claro en la ciudad. La presencia de Oltra reconfigura las expectativas y obliga a redefinir estrategias. La cuestión deja de ser quién encabeza y pasa a ser si el bloque puede volver a ser competitivo. Oltra regresa con una causa judicial abierta y decide no supeditar su futuro político a su resolución. Es una decisión arriesgada, pero coherente con la idea de que la agenda política no puede quedar subordinada al calendario judicial. Este elemento formará parte del debate público, pero no parece condicionar la determinación de su regreso. El alcance del movimiento no se limita al ámbito municipal. València es una pieza clave por su peso político y simbólico, pero el efecto puede extenderse al conjunto de la Comunitat Valenciana. La reactivación de un liderazgo con proyección mediática tiene capacidad de influir también en el escenario autonómico. Tras un periodo marcado por la contención y la fragmentación, el regreso de Oltra introduce un cambio de tono. Se vuelve a hablar en términos de disputa, de posibilidad, de proyecto. No garantiza resultados, pero sí modifica el estado de ánimo de un espacio político que necesitaba recuperar iniciativa. Queda tiempo por delante y muchas incógnitas por resolver. Habrá tensiones, ajustes y confrontación. Pero lo que ya es evidente es que la política valenciana ha dejado de estar en pausa. El regreso de Mónica Oltra reabre la partida y obliga a todos a jugarla en condiciones distintas. ASÍ que finalmente se verán las caras Pilar Bernabé (PSPV), Mónica Oltra (Compromís), Maria José Catalá (PP) y próximamente se espera el desembarco de Vicente Barrera (Vox) que sirve para todo, además de torero para cerrar el círculo. SEGÚN las últimas encuestas publicadas antes del desembarco de nuestra Gandalf, la derecha sigue teniendo mayoría por 1 concejal. Así que la noche electoral dentro de un año será de auténtico infarto. Si el regreso de Mónica Oltra ha cambiado el tono, el siguiente movimiento pasa por algo aún más delicado: escribir el guion colectivo. Porque una cosa es tener protagonista y otra muy distinta levantar una película entera. Ahí aparece Joan Baldoví, dispuesto a asumir el papel de cabeza de cartel en el ámbito autonómico mientras Oltra lidera la batalla municipal. Una especie de doble dirección narrativa que busca evitar lo que tantas veces ha condenado a la izquierda: demasiados actores compitiendo por el plano corto y ningún plano general que ordene la historia. La idea que sobrevuela es conocida, casi un cliché del cine político español: la fragmentación como giro final. Baldoví lo plantea sin rodeos: o se construye una candidatura amplia o se repite el desenlace de las últimas elecciones. No se trata solo de sumar partidos, sino de recuperar a quienes se quedaron en casa, de activar a un electorado desmovilizado y, sobre todo, de evitar que cada sigla juegue su propia película en paralelo. Porque cuando eso ocurre, el resultado suele ser el mismo: la derecha gana sin necesidad de hacer una gran actuación. La clave está en cómo se articula esa unidad. La propuesta no pasa por diluir identidades, sino por generar un espacio común bajo el paraguas de Compromís que funcione como eje vertebrador. No como límite, sino como punto de encuentro. Una estructura lo suficientemente amplia como para integrar a Esquerra Unida, Podemos y Sumar sin que ninguno sienta que desaparece en el montaje final. En términos cinematográficos, no se trata de eliminar

VALENCIANOS POR MÁLAGA

PAU VERGARA: El Festival de Málaga ha vuelto este año con una presencia valenciana notable, especialmente en la sección oficial de largometrajes de ficción, donde varias producciones vinculadas a la Comunitat compiten mostrando la diversidad y vitalidad de su narrativa. Entre ellas destacan ‘Calle Málaga’, dirigida por Maryam Touzani y producida por Fernando Bovaira; ‘Corredora’, de Laura García Alonso con producción de María Zamora; ‘Pioneras. Sólo querían jugar’, dirigida por Marta Díaz de López Díaz y producida por Kiko Martínez; ‘Yo no moriré de amor’, de Marta Matute, con la actriz alicantina Sonia Almarcha en el reparto; y ‘Después de Kim’, de Ángeles González-Sinde, rodada íntegramente en Valencia y apoyada por el Institut Valencià de Cultura. A ellas se suma, fuera de concurso, ‘Femení, singular’, dirigida por Xavi Puebla y producida por Carles Pastor, que también cuenta con participación de intérpretes valencianos y respaldo del IVC. La presencia valenciana se extiende además al terreno documental, con títulos como ‘Un arbre és un arbre’, coproducido por Suica Films; ‘Forqué. el oficio de hacer cine’, codirigido por el alicantino Rafael Maluenda; ‘Back in Time!’, de Sigfrid Monleón; ‘Mañana seré feliz: Una película conversación con Manuel Vicent’, sobre el escritor castellonense; y ‘Cecilia Bartolomé: tan lluny, tan a prop’, de Giovanna Ribes. A ello se añade ‘Pasionaria. Dolores Ibárruri’, dirigido por la valenciana Amparo Climent, dentro de la sección dedicada a las mujeres en escena. Y en sección de cortos los Hermanos Polo pasaron su último corto Videoclub 2001 en la sección Cortos Panorama.