Cartelera Turia

SERIES: AGENTS OF SHIELD

EDGAR B. DE MURCIA: Agentes de S.H.I.E.L.D. fue, a finales de 2013, la primera serie de acción real producida por Marvel desde que Walt Disney la comprara en 2009. Según su creador, el también director Joss Whedon, la idea era que sirviera como “pasatiempo” entre los estrenos de las películas que forman parte del U.C.M (Universo Cinematográfico Marvel). Así pues, se pusieron manos a la obra y crearon esta serie, que cuenta las peripecias del agente Coulson (Clark Glegg) tras los acontecimientos ocurridos en Los Vengadores (2012). Desde entonces, las películas y la serie han contado historias paralelas que se suelen entrelazar a menudo. La estrategia de incluir la serie en el mismo mundo ficticio que las cintas estrenadas en pantalla grande, dio tan buenos resultados, que pronto hubo más que se subieron al carro (Daredevil, Agente Carter, Jessica Jones, etc.) siguiendo los pasos de estos agentes de la C.I.A. superheroica. Agente Carter, fue el primer síntoma de desgaste de la franquicia marveliana ya que es la única producción de los estudios, por el momento, que fue cancelada tras aguantar dos temporadas en antena. Las peripecias de Coulson y su gente andan ya por su cuarto año, y en esta ocasión, han apostado por introducir un nuevo personaje que vuelve con fuerza a la televisión después de sufrir sendos fracasos en el cine; el Motorista fantasma, que busca su redención con el rostro de Gabriel Luna tras los dos destrozos protagonizados por Nicolas Cage. Aunque Agentes de S.H.I.E.L.D. empieza a tener tufillo a “lo mismo de siempre”, sigue introduciendo nuevos elementos que la hacen aguantar en parrilla; sólo el tiempo y la audiencia decidirán si aún tiene vida por delante o estará llegando a su fin una idea que ya da señales de agotamiento.

LA LA LAND: HOMENAJE AL MUSICAL CLÁSICO

G.RIPOLL: La ciudad de las estrellas/ La La Land (2016), del joven director (31 años) Damien Chazelle (su segundo largometraje es Whiplash, 2014, ganador de tres Oscar), se presentó en la pasada edición del Festival de Venecia (31 agosto 2016), donde obtuvo el Premio a la Mejor Actriz, la joven Emma Stone, ya totalmente lanzada al estrellato, tras participar en los films de Woody Allen Magia a la luz de la luna e Irrational Man, además de protagonizar dos partes de The Amazing Spider-Man. A partir de ahí la película inició una carrera triunfal: Premio del Público en el Festival de Toronto, Mejor Película para el Círculo de Críticos de Nueva York, entre las diez mejores películas del año según el American Film Institute y, finalmente, ganadora de siete Globos de Oro en la madrugada del pasado lunes 9 de enero. No se podía situar mejor de cara a la carrera a los Oscar. Ahora, a esperar las categorías en que será nominada. Damien Chazelle llevaba varios años peleando por sacar adelante este proyecto. Con el guión bajo el brazo llamó a muchas puertas. Finalmente, en junio de 2014 la producción comenzó a tomar forma. Se trata de un proyecto anterior al de Whiplash. El éxito de este film le abrió las puertas para su tercer largometraje. La película narra un fogoso romance, desde el tierno comienzo del amor juvenil hasta los sacrificios de una gran ambición. Dos jóvenes soñadores luchan por conseguir sus sueños en una ciudad conocida por destruir esperanzas y romper corazones. Mia, una aspirante a actriz, sirve café a estrellas de cine y Sebastián, un músico de jazz se gana la vida tocando en sucios bares. Tras algunos encuentros inesperados, las chispas entre Mia y Sebastián estallan. Para Owen Gleiberman (Variety): “Es el musical más atrevido de la gran pantalla en mucho tiempo, y (…) eso es porque es el más tradicional. Es un paseo emocionante, ardiente y lleno de sentimiento, pasión, pero también exquisitamente –y a veces excesivamente- controlado”. Para Peter Bradshaw (The Guardian): “Es un dulce drama lleno de energía (…). Muy pronto me encontré completamente absorbido por la simple vitalidad narrativa de esta película y las fantásticas interpretaciones principales de Ryan Gosling y Emma Stone, que están excelentes”. Y con motivo de su presentación en el festival de Venecia, Manu Yañez escribió en Fotogramas: “En su abordaje caleidoscópico a los sueños, como hallarlos, perseguirlos, renunciar a ellos, vivirlos, La La Land transita desde el musical más explosivo hasta las mansas aguas del drama sentimental. Próximo viernes crítica en el número en papel y descarga digital.

BUENA MÚSICA, QUE ES PARA SIEMPRE

CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA: Como cada año por estas fechas, retomamos algunas recomendaciones en el caso de que quieran ustedes quedar como unos señores regalando esos objetos conocidos como vinilos o cedés a un ser querido. O, en su defecto, en la tesitura de que simplemente pretendan darse un buen autohomenaje con estos soportes, reliquias de un pasado oscuro para la generación millenial pero objetos de deseo (no solo por el material sonoro que albergan sus surcos o sus bits, sino también por la profusa información gráfica de sus libretos) para públicos que se criaron al calor del formato físico, mucho antes de que la música pop rock pasara a formar parte del éter de  las plataformas de streaming y cualquier otra nube cibernética. Con algunas de las listas de lo mejor del año ya publicadas (tiempo habrá para la nuestra: no falta material recomendable en el presente), la industria sigue exprimiendo la fe del melómano impenitente para que apoquine en esas colecciones de lujo que tanto material extra (no siempre esencial: si no se publicó en su momento, por algo sería) aportan. En un año tan especialmente aciago por la pérdida de algunas figuras esenciales del lenguaje del rock, no podían faltar nuevas retrospectivas en torno a algunos de ellos. Es el caso de David Bowie, en torno a quien se ha publicado el enésimo recopilatorio, un Bowie Legacy (Sony, 2016) que, en formato sencillo o doble, supone otra introducción al neófito pero no aporta gran cosa a quien conozca medianamente su obra, al margen de una mezcla inédita del clásico “Life On Mars” y de incluir un par de temas de su soberbi Lazarus (2016), deparando así una perspectiva más completa en el tiempo que cualquiera de sus muchos precedentes. El caso de Prince, celosamente reacio a despachar material inédito en vida (al margen de sus álbumes oficiales de estudio), es similar. Nadie sabe a ciencia cierta el material no desvelado que debe quedar en sus arcones, así que de momento Prince 4Ever (PNG/Warner, 2016) es otra compilación al uso, aunque aporta un tema ignoto hasta el momento y un espléndido libreto con fotografías de Herb Ritts, junto a 40 clásicos inapelables de toda su discografía. Con Leonard Cohen prácticamente no ha habido tiempo a que la época de las guirnaldas nos asedie con la retrospectiva de turno (falleció en noviembre), así que el espléndido box set editado hace cinco años (Complete Studio Albums; Sony, 2011), que agrupa todos sus álbumes desde 1968 a 2009, sigue siendo -y a un precio excelente- el mejor complemento al último tramo de su carrera, coronado con el excepcional You Want It Darker (2016). El suyo es un caso análogo al de Lou Reed, quien nos dejó hace tres años, aunque su discografía ha sido recientemente reeditada en la caja Lou Reed. The RCA & Arista Collection (RCA/Arista, 2016), con sus 16 primeros álbumes -entre 1972 y 1986- remasterizados. Y otra caja jugosa que se remonta aún más en el tiempo: The Mono Collection, de The Kinks, caja de nueve vinilos que reúne los ocho primeros Buena música por Navidad, que es para siempre álbumes de la banda de los hermanos Davies, originalmente editados entre 1964 y 1970, con libreto de 48 páginas. Entrando en el terreno de los aniversarios, una excusa tan buena como cualquier otra para reempaquetar material icónico, nos topamos con Ramones 40th Anniversary Edition (Rhino/Warner), lujosa caja con un vinilo y tres cedés que rescata, mediante maquetas, tomas alternativas y hasta un directo grabado en Los Angeles en 1976, el fulminante álbum de debut del cuarteto de Queens, santo y seña del punk e influjo capital para miles de practicantes de su veta más anfetamínica en sucesivas oleadas generacionales. También cumplía años en este 2016, en su caso, 20, el seminal Omega (1996), grabado al alimón entre Enrique Morente y Lagartija Nick, por lo que no es de extrañar que, coincidiendo además con su gira conmemorativa y su documental, el álbum haya sido remasterizado para la ocasión, con algunas canciones inéditas, libreto, memorabilia y hasta una botella de vino tinto. Un despliegue que roza el fetichismo, pero será un festín para fans. Como también los serán estas tres cajas recientes de músicos españoles: las dedicadas a Carlos Berlanga, Los Auténticos y Bunbury. Del primero, se pone en la calle Integral (Lemuria, 2016), caja con cuatro vinilos, siete cedés y un DVD que agrupa toda la obra en solitario posterior a los tiempos de Kaka de Luxe, Alaska y Los Pegamoides o Alaska y Dinarama, en trabajos tan fabulosos como Indicios (1994) o Impermeable (2001). De los segundos, Los Auténticos, con toda probabilidad la mejor banda pop nunca surgida de Castellón, se pone en circulación Polvo de Estrellas (Lemuria, 2016), tres cedés y un vinilo que recogen toda la producción de los hermanos Villanueva y Juan Morcillo mientras defendieron la marca, durante la primera mitad de los años 80. Una obra sujeta, con justicia, a permanente reivindicación. Y de Bunbury, su discográfica pone a la venta Archivos (Warner, 2016), una doble entrega que reúne, en cinco discos, sus colaboraciones con otros músicos, temas para cine y teatro y otras rarezas, conformando el apéndice perfecto para cualquier completista de su obra. Publicado en Turia 2.760

RZK 38, LA BARBERÍA DADAÍSTA

ABELARDO MUÑOZ: ¿Conoces alguna peluquería donde puedas montar en bicicleta y que, mientras te rasuran un lateral de la chola al estilo mohicano, te mire escéptico desde la pared Corto Maltés? Esa es la RZF 38, ubicada, como un mascarón de proa y sin llamar la atención, a las puertas del emergente barrio de Russafa; ahora desconocido desde que el viejo consistorio lo adecentara, tras siglos de olvido, con árboles que no dan sombra y aceras para terrazas, y se transformara en un parque temático de hipsters indígenas y foráneos. De alguna forma, la peluquería de Patricio Verdejo, Patri para los amigos, es metáfora y concreción del actual enclave urbano y el espíritu artístico de sus gentes. Entras en el inmenso local, más bien una nave con aspecto de viejo almacén, ves los dos sillones de peluquero, frente a los espejos, las paredes de ladrillo vista, la mesa con libros y revistas, los carteles y el barroquismo de objetos que amueblan las esquinas y piensas que estás en un antro del Village de NYC, o en un distrito okupa de Berlín, sin ir tan lejos. Pero ni lo uno ni lo otro, es RZF 38, el maldito número de la calle. Al fondo hay un jardín tropical repleto de objetos curiosos, desde muñecos hasta un pin ball americano. Por unas escaleras de madera se accede a un desván en el que pacen tranquilas, apretadas como reses en una paridera,  ¡190 bicicletas! Patri sonríe al mostrarlas. “Sí; las colecciono. Mi intención es hacer un calendario de bicis; una para cada día del año”. Con estas aficiones, Patri no parece un peluquero al uso; nada de tonterías, ni de pijos. Más bien, gente auténtica que se corta el pelo por quince pavos. Tampoco es un recién llegado. Lleva 21 años en el negocio, y nació en el 74; llamó a la sociedad que montó en su pueblo, el de Andrés Estellés, Burjastones, para que nadie se confundiera. Desde hace once años lleva trabajando en Russafa con su hermana Ana, que es licenciada en filosofía.Ha entrado un tipo con aspecto de chamarilero legal que pregunta si le interesa al peluquero una cocina de los años cincuenta que reposa medio muerta en medio de la nave. Patri le dice que se la lleve cuando pueda, y el tipo, que suda lo suyo porque va cargado como un buhonero con 35 grados en la calle, saluda y se va. Mientras repasa las patillas a un cliente un poco atónito, el peluquero me pone en antecedentes. “Cuando estaba en Burjassot pensaba que en Valencia lo haría mejor. Me apetecía ver negros, chinos, árabes, latinos, la mundanidad cosmopolita; era como ponerme un amplificador. Ahora, quiero volver. Lo cierto es que viajé a Canadá y a Inglaterra y acabé con una novia en Corea”. Descubro una joya sobre la repisa del barbero, junto a tijeras y cepillos, se trata de las grabaciones de Chet Baker, las sesiones del fenomenal disco intitulado Lets get lost. Le digo que el fotógrafo Pablo Fuentes hizo una exposición sobre NYC con ese título y resulta que son amigos, peluquero y fotógrafo. Les une el amor al mundo, a los iconos pop, a NYC y al viaje. Gente que se mueve e inventa. Por no hablar de la música. La hay en el ambiente, pero no es la trompeta de Baker, sino Derribos Arias, remember para la distinguida clientela. RZF 38 es acrónimo que habla por sí mismo del negocio, situado justo al lado del legendario Cine Paz; aquella inmensa sala de estreno que fue cerrada, como muchas otras, cuando comenzaron a proliferar los multicines, sobre todo en centros comerciales.Patri continúa sin dejar de atender con esmero de la cabeza del chico que está sentado y tranquilo. A pocos metros hay una silla tradicional con forma de caballito de feria, de esas para engañar a los niños y que no lloren pensando en Sansón, como nos ha pasado a todos cuando éramos niños. Lo cierto es que en el local de este barbero del siglo XXI todo tiene un aire juvenil, fresco; esos cachivaches pop, sillas deco, rococó, futuristas, esculturas de alambre plateado, firmadas por Toni, que recuerdan a Brancusi; una heteróclita combinación de elementos, dadaísta y circense a un tiempo, que agita la imaginación. Como si el mismísimo Alfred Jarry hubiera dispuesto un escenario ruzafeño para que el Rey Ubu irrumpa y se ponga a bailar como una peonza.Cuando el cliente se levanta del sillón sin herrajes y remira satisfecho su nuevo tupé, Patri habla de Eugenio Arias, uno de sus intocables favoritos, que murió en 1995 y fue el hombre que le hizo la peluca a Carrillo. Antes había sido peluquero de Picasso y del dictador Trujillo, nada menos. El chico con el pelo nuevo paga y se va. “Aquí el cliente quiere pagarte poco, que lo hagas muy bien y que sea algo diferente. La verdad es que si me preguntas por el barrio, Russafa de noche es una cosa y de día otra. Por la mañana las señoras con zapatillas y permanente, por la noche, otros van de disfraz”. A Patri le gusta García Alix y el grupo Massive Atack; es un moderno definitivo, no lo puede evitar; su franqueza y gracejo seducen. Como todo barbero que se precie es hablador, y cuenta de una peluquería que ha descubierto en Lisboa, estupenda, y que de joven quería ser cinturón negro y tener un Jaguar. A la vista del diploma de kárate que tiene en la pared, consiguió algo de lo primero, ignoro de lo segundo aunque no se lo pregunto. También descubro una bandera japonesa y la maqueta de un barco. Entonces entran dos chicos, Tomás y Bárbara, que llevan en su coche cosas fantásticas y funcionan como una tele tienda. Le pregunto a su hermana Ana cómo llamaría a esa pulsión por acumular cosas extraordinarias, raras o curiosas. “Coleccionismo, ¿no te parece?”, contesta.Hay un libro de El Roto dedicado y la foto de una señora que nadie

LEIA

ÁLVARO PONS: Yo tenía 10 años cuando se estrenó La guerra de las galaxias (nada de “Star Wars episodio IV”, eso vino mucho después). Recuerdo la larga cola en las taquillas del cine Serrano, con un sentimiento que iba a medias entre un entusiasmo desmedido por los avances que se habían visto hasta en el telediario -cortesía de Luis Gasca, responsable de su estreno en el Festival de cine de San Sebastián-, y el pavor a que la familia se quedara sin entradas en esa época donde no sabíamos de ventas anticipadas. Al final, entramos, con suerte, en la segunda fila de un cine inmenso, con esa pantalla inabarcable. Se apagó la luz y, tras las famosas letras amarillas que nadie leyó, mi vida cambió. O eso creía, porque desde esa posición de proximidad a la pantalla, la aparición del colosal destructor imperial, que poco a poco inundaba toda la pantalla, fue mi mayor experiencia cinematográfica hasta la fecha. Mía y de todo un cine que contemplaba boquiabierto una aventura nunca vista. Bueno, sí, allí había un poco de Flash Gordon, de Kurosawa e incluso de Riefenstahl, todo argamasado con toneladas de Joseph Campbell, pero daba igual. Era la mejor película de la historia. Punto. Todavía recuerdo cuando, en los Oscar, la película de Lucas arrasó en los técnicos, pero no se llevó ninguno de los principales. ¿Cómo podía un tipo llamado Woody Allen haberle arrebatado a LA película el oscar? Y, sobre todo, ¿quién era esa tal Diane Keaton que le había robado el galardón a su única merecedora, Leia Organa? Porque si la película nos dejó una huella indeleble en nuestras retinas, Leia se encargó de dejarla en nuestro corazoncito infantil. Era la gran heroína, la única, la suprema. Una rebelde que se alejaba de cualquier canon establecido. Frente a las heroínas hipersexualizadas que comenzaban a inspirar nuestros primeros sueños lúbricos, Leia mostraba una imagen recatada que no mostraba más carne que la de sus manos -bueno, si la imagen en bikini de la tercera es otra historia-, con ese peinado (fallero para unos, ensaimadesco para otros, según el origen) que evitaba cualquier atisbo de sensualidad… Su atractivo no residía en el físico, sino en la fuerza que emanaba. Nos enamoramos instantáneamente de ella cuando se enfrentó desafiante al gigantesco Darth Vader, tres palmos más alto que ella y capaz de matar solo con el pensamiento, pero diez por debajo en valentía y dignidad. Luego, nos remató quitándole de un plumazo el protagonismo a los que hasta el momento eran los héroes, cantándoles las cuarenta por su desastroso plan de rescate y tomando la iniciativa. Leia era todo lo contrario a lo (poco) que habíamos visto en el cine. No era la princesa que esperaba a ser rescatada: era la primera princesa que rescataba a los supuestos héroes, era la gran comandante del ejército rebelde. Era Leia. Mira que en aquella época todavía estábamos en aquello de “los niños con los niños y las niñas con las niñas” (con banda sonora de Fernando Esteso), y nuestra férrea educación franquista nos hacía casi imposible aceptar que una mujer pudiera estar por encima de un hombre… Pero Leia nos fascinó. Decíamos su nombre entre suspiros y colocábamos su cromo en nuestras carpetas (flanqueado por Han y Luke, eso sí, no fuera a ser que pensaran que nos gustaban más las heroínas que los héroes). Más tarde, el marketing haría que Leía cumpliera fielmente los dictados de la princesa encadenada, sometida y sexualizada, pero esa ya no era nuestra Leia. Nuestra Leia miraba con altanería a las heroínas del cine y del cómic adulto, de Barbarella a Modesty Blaise, para reclamar que se podía tener el centro del protagonismo sin quedarse en pelotas. Años más tarde, superamos el trauma galáctico y hasta nos reconciliamos con Woody Allen. Annie Hall se encaramó a nuestro Olimpo cinematográfico haciendo olvidar la estrella de la muerte, y hasta Diane Keaton ocupó su espacio como novia que nunca tendríamos. Pero nunca olvidamos a Leia y su mirada desafiante a Darth Vader. Simplemente, se convirtió en un icono de tanta fuerza que cuando se comenzó a erigir la estatua de Manolo Valdés en la novísima avenida de las Cortes Valenciana, no pudimos evitar mirarla con nostalgia pensando, “Leia…”.

CRÍTICA: STAR WARS.ROGUE ONE

PAU VERGARA: Hace un siglo, en una Galaxia muy lejana, una nave rebelde era asaltada por soldados imperiales. Un oscuro personaje llamado Darth Vader, irrumpía a sangre y fuego, tratando de buscar los planos de la Estrella de la muerte. Para aquí si no quieres leer un spoiler. Si te apetece, sigue adelante. Es el final y el inicio de la saga de Star Wars, una precuela de la primera película que completa el puzzle hasta llegar al clásico de 1977. Estamos ante la segunda película desde que J.J Abrams recibió el encargo de revitalizar la saga y llevarla hacia una nueva generación. Esta vez le ha tocado al joven director, Gareth Edwards, un genio de los VFX y director de la interesante Monstruos y Godzilla. Como escribí: “el principal valor de Star Wars: El despertar de la fuerza ha sido trazar un puente generacional entre La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El retorno del Jedi con el público de 2015. Abrams ha cerrado tramas y ha presentado las bases para el futuro con la presentación de nuevos personajes como Rey (Daisy Ridley) o Finn (John Boyega). Ha imprimido un nuevo estilo más serio, sin estridencias, ni concesiones a la infantilización de personajes como sucedía en los Episodio, I, II y III. Abrams ha apostado por los escenarios naturales, los efectos físicos y las maquetas huyendo de la sobredosis de efectos digitales”. Buena parte de este comentario es válido para Rogue One. Sin embargo, este episodio es mucho más impersonal y neutro que El despertar de la Fuerza, donde se nota que J.J Abrams imprimía su sello personal y es cierto que se gastaba un dineral devolviendo a la gran pantalla a Marc Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher. Esa admiración por el clásico desaparece en Rogue One, una película fría, mecánica y un tanto atropellada por la cantidad de planetas y escenarios donde transcurre la acción. Pero hay algo que echo en falta en esta nueva etapa y mucho más en Rogue One, que es el espíritu de aventura espacial (space opera, en su definición inglesa) que sí que estaba presentes en anteriores sagas. Esto hace que se pierda el sentido del humor y un cierto espíritu naif que siempre fue marca de la casa, en ocasiones demasiado infantilizada como en el Episodio I, pero que relativizaban la seriedad y trascendencia del relato. Me voy a quedar con varios detalles, como la reproducción digital de ese excelente actor que fue Peter Cushing encarnado en el comandante, Wilhuff Tarkin, de la Estrella de la Muerte. Fantástico volver a verlo recreado. La presencia de otro actor destacado como Mads Mikkelsen, que cuando sale le da cuerpo a la película, y el mexicano Diego Luna que cumple con su papel, un tanto plano, como personaje. Me esperaba más de esta segunda parte, pero como esto va a continuar, esperaremos a tiempos mejores.

GASTRONOMÍA: ÁRBOLES DE LUZ

EMILI PIERA: En el tiempo mágico de las cosechas hay una cosa para cada lugar (en el tiempo) y un tiempo para cada cosa, como dice el Eclesiastés, que aquí conocimos por una canción de The Byrds. Producto de temporada, resume la inteligencia gastronómica. Como los ordenadores que enloquecen si no tienen su reloj puesto al día, la cultura toda se apoya en el calendario: el eterno retorno (muy pronto en sus librerías el Calendari dels Brillants que edita el noble patricio Joan de Plamolins). Y por esta época de castañas, manzanas heladas del Rincón, calabazas, membrillos, frutos secos y turrones, mi alimento preferido son las granadas. Hay algunas granadas de piel muy roja y granos de gran poder tintorero que, sin embargo, tienen un par de inconvenientes, según se mire: es menos dulce que la pálida mollar, la de Elx, y tiene un corazón fibroso más duro y relevante. Aún así es exquisita de sabor. Dicen que la granada se debe de tomar, sobre todo, en el desayuno, que no es tan buena en la comida y puede ser perjudicial en la cena. También lo he oído del melón y de las aceitunas. Hay algunos refranes al respecto (aunque muchos refranes son leyendas rurales) y le oí uno a Pep Gimeno Botifarra durante una actuación suya en Veles e vents acompañado por el grupo de viento Spanish Brass: buena combinación del folk con el jazz, todo se puede mezclar si se hace con gusto y tino. Allí teníamos una cuchipanda con vinos de Pablo Calatayud (El celler del roure). No había probado el Safrà, que es un coupage, me parece, de mandó y garnacha tintorera que da un tinto ligero pero sabroso, más atlántico que mediterráneo. Interesante. El caso es que la temporada de las granadas no dura mucho. Yo las desgrano en un plato hondo, les añado un poco de azúcar y un chorrito de vino dulce o de un licor apropiado (funcionaba muy bien el licor de hierbabuena que compré en la Alpujarra almeriense, pero la tradición familiar era ponerle licor 43). La granada no es sólo un tesoro de sabor sino una bomba de salud y los doctores de la Universidad Miguel Hernández, Ángel Colín y Ángel Carbonell, destacan su contenido de vitamina A, su efecto antioxidante y anticancerígeno y su papel como protector cardio-vascular. Además repercute en la buena calidad del semen ¿Quién no quiere tener un esperma de calidad? Hay que defender el producto propio. Por esta época, navideña y tal, gusto de ir con los amigos y la familia a sitios donde no sólo se come bien, sino que te tratan amistosamente. Volví por el nuevo Pelegrí (963 91 63 40) en la calle del Botànic, Valencia y confirmé las buenas impresiones de la primera visita. Rafa, el jefe de sala, tenía una comida con sus compañeros del Aikido (hay varios cocineros que practican artes marciales, seguramente porque la familiaridad con los cuchillos de larga hoja requiere, como contrapartida, unos nervios bien templados). Mari Carmen, en la cocina, demuestra estar en plena forma, como de costumbre: probé, por gentileza de la casa, un platito de gachas con sus trozos de panceta. Luego un erizo de mar al horno rematado con unas huevas de pescado (como aperitivo una aceitunas deliciosas ratadas con piel de naranja rallada), un tartare de buey Angus (cierto exceso, me pareció, de encurtido), un magistral arroz con chipirones y sepia y un correcto mantecado con licor de naranja. 21 euros, incluida la copa (la casa me invitó a otra) de ribeiro Viñoa, formidable. Los menús de Pelegrí son, actualmente, una de las mejores opciones de la ciudad en el segmento medio de precios. Y como quería sorprender a dos personas con unos turrones de calidad superior, elegí Galiana (96 136 07 08) que estaba antes en la calle Sant Vicent y ahora tiene la nueva tienda muy cerca: en el número uno de la calle Garrigues. Cada turrón pesa ¾ de quilo, son turrones magnum. Elegí el turrón duro de almendra tipo Xixona, el de yema tostada y el de coco. Total: 77’52 euros. No es barato pero la calidad es más que notable. En ninguno de mis cremas de calabaza o castaña pongo lácteos. Basta con acertar el nivel de fluidez del puré de la calabaza cortada a trozos y batida con el agua en la que ha hervido. Añadir un sofrito de cebolla (con el aceitito), triturar todo, otra vez, y echar piñones tostados y nuez moscada recién rallada. Y pimienta.

LIBROS: LEER CONTRA EL OLVIDO

ALFONS CERVERA: Hace trece años que se murió Manuel Vázquez Montalbán. Pero, aunque sea un tópico, hay que añadir a ese dato implacable otro de mucha envergadura: nos queda su obra. Hay que seguir leyendo a Vázquez Montalbán. Si no es así, si no se incorporan nuevas y jóvenes lecturas de sus textos, será señal de lo peor: el olvido se comerá la memoria de su escritura imprescindible. Esta semana traigo al Fahrenheit tres de esos textos. Los editan Galaxia Gutenberg, Espasa y Círculo de Lectores. La imagen pertenece al último volumen de los tres que se dedican a recopilar la escritura “subnormal”, la del “compromiso social” y la que junta, como dice Georges Tyras (uno de los principales estudiosos de la obra de Vázquez Montalbán), la “reflexión sobre el poder y el desengaño posmoderno”. Son tres volúmenes espléndidamente editados que se completan con los ya publicados “Cuentos blancos” y “Cuentos negros”. En Debate podemos encontrar una inmensa antología de sus trabajos periodísticos a cargo del profesor Francesc Salgado. Y lo mismo podemos decir de sus novelas protagonizadas por Carvalho, que son publicadas en la órbita de Planeta. No olvidemos, a la hora de refrescar la memoria de una obra tan extensa como inteligente y necesaria, la vertiente ensayística y la poética en el catálogo inacabable de un autor que fue (y debería seguir siendo) una referencia ética y literaria en los tiempos turbios que nos están tocando vivir (o desvivir). En los tres volúmenes que se presentan en este Fahrenheit hay auténticas obras maestras, cada una enmarcada en los tiempos que vivieron el autor y la propia escritura de esos textos. Pongo aquí tres obras de cada uno de esos tiempos, dejando claro que se trata -sólo- de una opción absolutamente personal: Recordando a Dardé (su primera novela), El pianista (en mi opinión, la mejor entre todas las suyas) y ese para mí descubrimiento tardío que es Erec y Enide. Sigan leyendo a Vázquez Montalbán. O empiecen a leerlo si hasta ahora -por raro que parezca- no lo habían hecho. Publicado en Turia 2.759

MAZONI + ARTHUR CARAVAN.– 16 Toneladas

CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA: Cómo se agradece asistir a conciertos en los que la caligrafía de los músicos va cambiando de tipografía sonora prácticamente a cada canción, incluso saltándose renglones para dar muestra de que son garantía de polivalencia. Así es muy difícil aburrise, siempre que las canciones se mantengan a flote. Por mucho que los habituales rigores de una fría noche entre semana deparen la foto fija (casi siempre inalterable) del concierto celebrado casi en familia. Eso ocurrió con los catalanes Mazoni y los alcoyanos Arthur Caravan, dos bandas que apenas tienen en común el empleo del catalán, aunque en el caso de los primeros no sea desde el monolingüismo (su último repertorio también le da al inglés). El proyecto del ampurdanés Jaume Pla, desde que se alejó de los concurridos modismos del folk rock, se las ha apañado para lidiar con el synth pop de batalla, el indie rock de la vieja escuela o el post punk bailable, sin que todos esos lenguajes -reflejados sobre todo en sus dos últimos discos- dictaminen una esquizofrenia preocupante. Ni mucho menos. Su concierto, solo interrumpido por unos breves problemas técnicos, apenas deparó un segundo de aburrimiento.Y tres cuartos de lo mismo cabe decir de Arthur Caravan, quienes presentaban de forma oficiosa las canciones del espléndido Major Propósit (2016), uno de los mejores trabajos del ejercicio en la Comunidad Valenciana. Empezaron un poco fríos, con Endika Martín (Senior i el Cor Brutal) reemplazando al bajo (por necesidades del guion) a Pau Aracil, pero a poco que se entonaron su concierto ganó muchísimos enteros, solventando su escasa media hora con la entrega acostumbrada, entre arranques de psicodelia nada obvia. En síntesis, un estupendo doblete. Publicado en Turia 2,7

TONI ERDMANN, GANADORA ABSOLUTA DEL CINE EUROPEO

LAURA PÉREZ: En España todavía tendremos que esperar a enero para poder verla, pero la producciónalemana Toni Erdmann está arrasando allá por donde va. Dirigida por Maren Ade (Los árboles no dejan ver el bosque, Entre nosotros), ha sido alabada por la crítica internacional y multipremiada en festivales, así como el premio FIPRESCI de este año en San Sebastián. El pasado fin de semana le tocó el turno a los Premios del Cine Europeo, que otorga la European Film Academy (EFA) desde 1988. Siendo la clara favorita, esta comedia dramática arrasó llevándose el premio a Mejor Película Europea y varios de los galardones de los más importantes: Peter Simonischek se alzaba con el premio de Mejor Actor (apartado al que estaba nominado Javier Cámara, por Truman); Sandra Hüller arrebató el premio a la Mejor Actriz a Isabelle Hupper, Emma Suárez y Adriana Ugarte; y su directora Maren Ade se llevó a casa otros dos premios: Mejor Guión y Mejor Dirección. Nuestro Pedro Almodóvar -otro de los favoritos, por Julieta– se fue de vacío y el resto de premios fueron más repartidos. La EFA distingue un premio especial a la Mejor Comedia Europea, que fue otorgado a la cinta Un hombre llamado Ove, de Hannes Holm. El Premio del Público recayó en una película polaca -la gala tuvo lugar en Wroclaw-  Cuerpo/Cialo, de Malgorzata Szumowska. La película suizo-francesa Ma vie de courgette/Mi vida de calabacín, una tierna animación, aclamada en muchos festivales, se llevó el premio en su categoría (también ganó el premio al Mejor Film Europeo en San Sebastián), y desbancó así a los españoles Alberto Vázquez y Pedro Rivero, nominados por Psiconautas, los niños olvidados. Gianfranco Rosi obtuvo el premio al Mejor Documental por Fuocoammare/ Fuego en el mar, una cinta que retrata la tragedia de los refugiados Lampedusa, ya estrenada en Valencia. El premio a la Mejor Fotografía se lo llevaba Camilla Hjelm Knudsen por la película danesa Land of mine/Bajo la arena. Otra danesa se llevaba el premio al Mejor Montaje, esta vez Anne Østerud y Janus Billeskov Jansen por La comuna. Ilya Demustky obtuvo el premio a la Mejor Música por la cinta rusa The Student; el premio que entrega la FIPRESCI fue a parar a la película El día más feliz en la vida de Olli Mäki, de Juho Kuosmanen; y en el ámbito del cortometraje, el triunfador fue el documental 9 Days: From My Window in Aleppo, que escribe, codirige y protagoniza el reconocido fotógrafo sirio Issa Touma. Como dato destacable de estos galardones, el actor de origen irlandés Pierce Brosnan, galán del cine de Hollywood, recibió en la 29ª ceremonia de los EFA el Premio Honorífico a la Contribución al Cine Mundial. Publicado en Turia 2.759